Tras un diagnóstico de cáncer de mama que reordenó su vida, Marina Borensztein reúne en esta guía el itinerario de cuidado que fue construyendo para sí misma a lo largo de años de lectura, consulta y ensayo propio.
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Tras un diagnóstico de cáncer de mama que reordenó su vida, Marina Borensztein reúne en esta guía el itinerario de cuidado que fue construyendo para sí misma a lo largo de años de lectura, consulta y ensayo propio. El libro combina relato personal y manual práctico: alimentación basada en vegetales, frutas, semillas y granos integrales; rutinas de movimiento, respiración y meditación; hábitos domésticos revisados uno por uno; y recetas propias y ajenas. Escrito en un tono coloquial y rioplatense, con humor y sin solemnidad, propone que informarse es una forma de recuperar decisión sobre la propia salud, sin presentarse como verdad única ni reemplazo del criterio médico.
En noviembre de 2011, Marina Borensztein recibió el diagnóstico que partió su vida en dos. Su terapeuta le sugirió escribir cada día como quien toma una pastilla, y de ese ejercicio nació primero un testimonio y después este segundo libro, que ya no narra la enfermedad sino lo que vino a continuación: la construcción paciente de una manera de cuidarse.
La autora ordena aquí lo que fue recogiendo mientras atravesaba cirugías, radioterapia y un tratamiento hormonal que terminó abandonando de común acuerdo con su oncólogo. Ese recorrido incluye lecturas sobre la relación entre emoción y enfermedad, consultas con médicos que la trataron bien y otros que no, encuentros decisivos —una maestra de yoga, un terapeuta insistente, libros que llegaron en el momento justo— y una revisión completa de lo que entraba en su cocina. El resultado no es una crónica sino un manual: capítulos dedicados a las reglas básicas de lo que llama su templo, a los alimentos que decidió dejar atrás, a la organización semanal de compras y remojos, a sus recetas, a sus productos y objetos de cabecera, a la meditación y la respiración, y un apartado específico para quien está transitando un cáncer. Un capítulo firmado por la doctora Laura Nasi aporta una mirada médica sobre por qué enfermamos, y un apéndice suma recetas de una cocinera cercana.
El eje que atraviesa todas esas páginas es una idea sencilla: el médico cura, pero sanar es un trabajo personal e intransferible. Borensztein insiste en escuchar las señales del cuerpo antes de que grite, en no naturalizar el dolor cotidiano, en armar un equipo de acompañamiento propio en lugar de delegar todo en una sola voz, y en desconfiar tanto de los pronósticos cerrados como de las recetas milagrosas. Habla de responsabilidad, no de culpa, y aclara desde el comienzo que no ofrece una verdad general: ofrece la suya, para que cada lectora arme la propia.
La voz es lo que sostiene el libro. Escrito casi todo en femenino —con una advertencia inicial, entre divertida y afectuosa, dirigida a los lectores varones—, el texto avanza con humor porteño, autoironía y una franqueza que evita el tono de púlpito. Un prólogo de Oscar Martínez, su marido y testigo cercano de todo el proceso, ofrece la contracara de esos años vistos desde afuera. Entre la guía de hábitos y el diario de aprendizaje, «Así me cuido yo» se dirige a quien atraviesa una enfermedad, a quien acompaña a alguien que la atraviesa y a quien simplemente sospecha que podría vivir mejor y no sabe por dónde empezar.