Tríptico narrativo de vanguardia que funde teatro, epopeya y novela para reescribir el mito de Laocoonte como fábula sobre la paternidad, la herencia y el lenguaje, antes de abrirse a la estepa de Atila y a un final lírico-amoroso en clave…
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Tríptico narrativo de vanguardia que funde teatro, epopeya y novela para reescribir el mito de Laocoonte como fábula sobre la paternidad, la herencia y el lenguaje, antes de abrirse a la estepa de Atila y a un final lírico-amoroso en clave clásica.
La obra se articula en tres movimientos de intensidad verbal creciente. El primero, ‘Laocoonte’, arranca con un fragmento dramático de tono bíblico-burlesco (una escena protagonizada por espectros, hijos e infortunios cortesanos) y con los versos iniciales de una epopeya cósmica, ‘Urania’, antes de desplegar su núcleo: una relectura del sacerdote troyano Laocoonte como figura trágica de la paternidad, atrapada entre la fidelidad al pasado y la necesidad de dejar partir a los hijos hacia un porvenir propio. El texto avanza por apóstrofes exaltados, alusiones a Goethe, Winckelmann y El Greco, y una reflexión constante sobre el héroe como quien sale de sí mismo en vez de refugiarse en lo dado; cierra con un experimento tipográfico que lleva el lenguaje al límite de la pura fonética. El segundo movimiento, ‘Atila’, se abre con un cartel enigmático hallado junto a una columna y desliza la acción hacia una estepa recorrida por caballadas y un jinete llamado Atila Historia, cuyo hijo cambia de nombre para volverse Hidatila Utopía; a partir de ahí el relato se demora en un extenso y alucinado paisaje crepuscular —valles, cielos triplicados, siluetas ecuestres— que funciona como correlato visual de la tensión entre destino heredado y destino elegido. El tercer movimiento, ‘El huno y la otra’, se inicia con un poema de imágenes lunares y marinas sobre la ausencia y el duelo, y desemboca en una escena de intimidad entre Quijote e Ipsibidimidiata en un atardecer romano junto a Ostia, donde el amor se piensa como una forma de perfección lúdica y la conversación deriva en una meditación sobre el nombre, la identidad y la Musa. En conjunto, el libro se sostiene en una prosa y un verso de extrema densidad léxica, con neologismos, aforismos y saltos de registro que convierten cada mito clásico en materia de indagación sobre la lengua misma.