Un curtido primer oficial de la marina mercante abandona un viejo carguero mediterráneo al límite de su vida útil y emprende, por fin, unas vacaciones aplazadas durante años: un viaje que lo lleva de Turquía a El Pireo y de allí hasta los…
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Un curtido primer oficial de la marina mercante abandona un viejo carguero mediterráneo al límite de su vida útil y emprende, por fin, unas vacaciones aplazadas durante años: un viaje que lo lleva de Turquía a El Pireo y de allí hasta los remotos atolones de Kiribati, en busca de la pesca de altura que siempre había soñado.
El capitán Martí, primer oficial español embarcado durante cuatro años en el Sea Cloud —un carguero herrumbroso que navega bajo bandera de conveniencia y arrastra tripulación heterogénea, un capitán desentendido y un casco que hace agua—, decide poner fin a su etapa a bordo tras un último viaje marcado por averías, filtraciones y la indiferencia del armador. En el puerto turco de Merzin desembarca definitivamente, dejando atrás una nave condenada casi con certeza al desguace, y da inicio a un periplo personal hacia el descanso que lleva postergando demasiado tiempo. La travesía lo conduce primero a Atenas y al puerto de El Pireo, donde reencuentra a viejos conocidos —el dueño de un hotel de marinos, una recepcionista de trato entrañable— en un ambiente de calles, tabernas sencillas y conversaciones pausadas que funciona como umbral entre la vida a bordo y la libertad recién estrenada. Desde allí, gestiona su siguiente destino: las islas Gilbert, en el corazón del Pacífico. La llegada a Tarawa, con su aeropuerto flanqueado de cocoteros y su cultura insular apenas rozada por el turismo, marca el verdadero comienzo de sus vacaciones, dedicadas a un objetivo muy concreto, la pesca deportiva de marlin en unas aguas legendarias por su riqueza. A través de encuentros con oficiales de aduanas, chóferes de hotel y recepcionistas curiosos por su origen catalán, el relato construye un retrato de viaje hecho de pequeños rituales —el trámite de un pasaporte, la elección de una habitación, la primera copa de un whisky guardado para la ocasión— que contrastan con los recuerdos, aún vivos, de la rutina y el deterioro vividos en el mar. Es una narración de tránsito y contraste: entre el óxido de un buque agotado y la promesa luminosa de una laguna tropical, entre la disciplina de una vida marinera y el placer, largamente esperado, de pescar por puro gusto.