La autobiografía no autorizada de Julian Assange narra, en primera persona, los días de encierro en la prisión de Wandsworth tras su detención en Londres y retrocede hasta la infancia itinerante del fundador de WikiLeaks en el norte de…
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La autobiografía no autorizada de Julian Assange narra, en primera persona, los días de encierro en la prisión de Wandsworth tras su detención en Londres y retrocede hasta la infancia itinerante del fundador de WikiLeaks en el norte de Australia, entrelazando memoria personal y alegato sobre el poder, la vigilancia y la libertad de información.
El libro se abre con una nota editorial que explica su propio origen accidentado: encargado a Assange por Canongate Books tras decenas de horas de entrevistas grabadas durante su arresto domiciliario en Ellingham Hall, el propio autor intentó después cancelar su publicación al considerar que el resultado era demasiado personal. La editorial, amparándose en el contrato ya vigente, decide publicar igualmente ese primer borrador no autorizado, presentándolo como un texto apasionado y provocador que retrata fielmente a su autor y su compromiso con la verdad.
A partir de ahí, la narración adopta la voz del propio Assange. El primer capítulo, «Solitario», reconstruye con detalle físico y emocional su traslado a la prisión de Wandsworth el 7 de diciembre de 2010: el asedio de fotógrafos a la furgoneta policial, el aislamiento en una celda diminuta vigilada por cámaras, la odisea burocrática para conseguir hacer una simple llamada telefónica, y la solidaridad inesperada de otros reclusos que le deslizan recortes de prensa bajo la puerta. Entre lecturas de Solzhenitsin y recuerdos de Oscar Wilde —encarcelado en el mismo edificio un siglo antes—, Assange repasa la cobertura mediática de la publicación masiva de cables diplomáticos conocida como Cablegate, las descalificaciones públicas de políticos y comentaristas estadounidenses que reclaman su persecución o incluso su muerte, y las vistas judiciales sucesivas —en Horseferry Road y en el Tribunal Superior— que desembocan en su liberación bajo fianza y arresto domiciliario, en medio de una intensa expectación mediática marcada por la nieve y los flashes de las cámaras.
El segundo capítulo, «L’illa magnètica», cambia de registro y de tiempo para narrar la infancia de Assange en Townsville, en el norte de Queensland, y en la cercana Magnetic Island: el encuentro de sus padres en plena efervescencia de las protestas contra la guerra de Vietnam, una crianza itinerante marcada por el activismo materno —contra la minería de uranio, la pesca de atún o la tala de selvas tropicales—, la vida con un padrastro actor y titiritero, y los días de libertad casi salvaje entre insectos, playas y una comunidad que no siempre veía con buenos ojos el estilo de vida poco convencional de la familia. El fragmento se cierra con un episodio inquietante, el incendio de la casa familiar en la isla, observado con pasividad por los vecinos, que insinúa las tensiones larvadas entre los Assange y su entorno.
A través de estos dos episodios, la obra construye simultáneamente un relato de encierro y persecución en el presente y una arqueología personal del origen de una vocación: la de un niño educado en el porqué constante y en la desconfianza hacia la autoridad, que acabaría convirtiéndose en el rostro de una de las mayores filtraciones de información de la historia reciente.