Un estudio crítico que examina la brecha entre el Benjamin Franklin histórico —diplomático cosmopolita, científico y político revolucionario— y la figura mítica construida por su propia Autobiografía y por el Poor Richard's Almanack.
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Un estudio crítico que examina la brecha entre el Benjamin Franklin histórico —diplomático cosmopolita, científico y político revolucionario— y la figura mítica construida por su propia Autobiografía y por el Poor Richard's Almanack. El ensayo analiza cómo esa imagen simplificada, convertida en símbolo del self-made man y en 'voz de la burguesía' para la tradición anglosajona, y en emblema del hombre natural y el progreso para la Francia ilustrada, terminó por eclipsar su producción teórica y su papel real en la fundación de Estados Unidos.
El texto plantea una pregunta poco habitual en el estudio de una figura histórica: qué ocurre cuando la imagen pública de un autor se independiza casi por completo de su obra y de su biografía real. A partir de ahí, propone una lectura en capas de Benjamin Franklin, distinguiendo el personaje popular transmitido por manuales escolares, cine y publicidad; el modelo de vida que el propio Franklin construyó deliberadamente en su Autobiografía —el aprendiz de impresor que asciende, el ciudadano cívico, el científico del pararrayos, el patriota diplomático—; y, en un tercer plano, el cuerpo teórico menos conocido de su obra, solo sistematizado y editado en tiempos recientes.
El ensayo sostiene que la enorme influencia de Franklin sobre el pensamiento norteamericano, documentada a través de citas de Louis Wright, Max Weber o D. H. Lawrence, no procede de la profundidad filosófica de sus escritos —comparativamente modesta frente a Voltaire, Rousseau, Paine o Jefferson— sino precisamente de la distancia entre el hombre histórico y el personaje literario que él mismo diseñó. Se detiene en la curiosa divergencia entre la recepción anglosajona, que ve en Franklin al portavoz frío y calculador de la moral burguesa, y la recepción francesa del siglo XVIII, que lo consagró como el ‘buen salvaje’ y el ‘Sócrates de América’.
A partir de ahí, el análisis reconstruye las raíces puritanas y calvinistas de la familia Franklin en Boston, su ruptura juvenil con la oligarquía religiosa bostoniana bajo el seudónimo de Silence Dogood, su paso por Londres y el contacto con el deísmo ilustrado, y la manera mesurada —nunca frontal— con que fue apartándose de la ortodoxia puritana sin romper abiertamente con ella. El resultado es un retrato de Franklin como bisagra del pensamiento americano: heredero inconsciente de la ética calvinista que dice superar, y punto de referencia obligado tanto para quienes continuaron su legado como para quienes, como Thoreau o Emerson, se definieron reaccionando contra él.
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