Jennifer es enfermera titulada, pero una calumnia orquestada por un cirujano poderoso al que rechazó le cerró todas las puertas del sector salud. Con su hermano mayor sin empleo y las cuentas encima, acepta bailar de noche bajo el nombre…
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Jennifer es enfermera titulada, pero una calumnia orquestada por un cirujano poderoso al que rechazó le cerró todas las puertas del sector salud. Con su hermano mayor sin empleo y las cuentas encima, acepta bailar de noche bajo el nombre de Kyra en un club exclusivo mientras estudia finanzas de día. Su doble vida se sostiene hasta que un cliente al que negó algo más resulta ser el nuevo jefe de su hermano, y descubre que el secreto de ella puede convertirse en su ventaja.
Hubo un tiempo en que Jennifer creyó que su expediente hablaría por ella: título de enfermería con honores, recomendaciones de sus profesores, un puesto como asistente del cirujano más renombrado de la clínica. Ese ascenso fue, en realidad, el comienzo de su caída. Cuando rechazó las insinuaciones del doctor Tamayo, apareció de la nada un error clínico que jamás cometió, con pruebas impecables y consecuencias graves para dos pacientes. El despido llegó de inmediato; la mancha en su hoja de vida, para quedarse. Meses de entrevistas sin respuesta le confirmaron lo que ya sospechaba: había sido una trampa, y el precio de limpiarla era acostarse con su verdugo. Se negó.
Criada por Gabriel, su hermano diez años mayor que asumió su cuidado tras la muerte de sus padres y pagó sus estudios con un sueldo modesto, Jennifer siempre supo que le tocaría devolver algo. Cuando la empresa de él quiebra, acepta la recomendación de una amiga y entra a un club nocturno como bailarina exótica. Sobre el escenario se llama Kyra y es otra: dueña del tubo, del ritmo y de la mirada ajena. Fuera de él sigue siendo la misma joven reservada que estudia finanzas por las mañanas, que lleva una cinta rosa en la muñeca para marcar lo que no ofrece, y que jamás le sostiene la mirada a un cliente. Gabriel, conservador y protector, no sabe nada.
Alexander llega al club por despecho. Tras encontrar a su novia de siete años con otro hombre, se convence de que toda mujer hermosa es cálculo disfrazado de afecto, y se propone comprar una noche que le devuelva algo parecido a la dignidad. Entonces ve bailar a Kyra y, por primera vez en meses, algo en él despierta. La busca; ella lo rechaza y le deja una bofetada como respuesta. Él se marcha decidido a olvidarla.
La casualidad tiene otros planes. En una cena preparada con esmero, un empleado suyo presenta con orgullo a su hermana menor, y Alexander reconoce de inmediato el rostro de la bailarina que juró ser una mujer decente. Ahora sabe lo que ella oculta, y sabe cuánto le costaría perderlo. Lo que empieza como chantaje —un secreto a cambio de aquello que él desea— tropieza con una atracción que ninguno de los dos pidió y que ambos intentan negar. Entre el rencor, la vergüenza y el deseo, la línea entre imponer y entregarse se vuelve peligrosamente delgada.