Alicia, una joven estudiante de bioquímica, conduce sola de noche por una carretera de montaña cubierta de hielo camino a un resort de esquí donde espera conseguir el trabajo que necesita para financiar su máster en Dinamarca.
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Alicia, una joven estudiante de bioquímica, conduce sola de noche por una carretera de montaña cubierta de hielo camino a un resort de esquí donde espera conseguir el trabajo que necesita para financiar su máster en Dinamarca. Entre patinazos, recuerdos de una película de terror que la ha dejado con los nervios de punta y el eco de sus amigas del piso compartido, el relato combina tensión, humor cotidiano y la nostalgia de una generación criada con la música de los ochenta.
La novela arranca en plena noche, en una carretera serpenteante cubierta de placas de hielo, con Alicia Campos al volante de su coche, camino de un resort de montaña. Un patinazo inicial la obliga a detenerse y a enfrentarse, sola y sin cobertura, a la tarea de colocar las cadenas mientras el bosque que la rodea despierta en su imaginación los ecos de una película de terror que vio la semana anterior con sus compañeras de piso. A través de esa tensión física —el hielo, la oscuridad, un sobresalto con una liebre, un giro que casi la lanza por un desnivel— la narración va intercalando el recuerdo de los días previos: las tradicionales noches de pizza y película con sus amigas Laura y Mónica y los vecinos Fran y Cris, la pérdida repentina de su empleo a raíz de una investigación por robos en la tienda donde trabajaba, y la decisión de aceptar un puesto en la cafetería de un resort de esquí gestionada por la tía de Laura, aunque eso signifique pasar las navidades lejos de las personas que más quiere. De fondo, el objetivo que lo sostiene todo: ahorrar lo suficiente para costearse un máster en Bioquímica en Dinamarca, un sueño por el que está dispuesta a sacrificar comodidad, compañía y unas fiestas que ya tenía planeadas. Con un tono que combina el suspense de la carretera nevada con la calidez y el humor de la amistad entre las protagonistas, y una banda sonora ochentera que actúa como refugio emocional frente al miedo, la historia sienta las bases de lo que será la llegada de Alicia a un entorno aislado de montaña, cargado de expectativas, inseguridades económicas y el peso —real o imaginado— de algo que acecha entre los árboles.