En una tarde de lluvia en Madrid, Luna vuelve a casa y encuentra el armario medio vacío y una nota de dos líneas: Carlos se ha ido sin dar explicaciones después de dos años de convivencia.
Descargar
En una tarde de lluvia en Madrid, Luna vuelve a casa y encuentra el armario medio vacío y una nota de dos líneas: Carlos se ha ido sin dar explicaciones después de dos años de convivencia. Con veinticinco años, un gato gordo llamado Jabba y una vida entera construida junto a otra persona, Luna tendrá que aprender algo que nunca ha hecho: estar sola. «Bajo las luces de Gran Vía», de Nia Area, es una novela sobre el duelo amoroso, la amistad que sostiene y el largo camino hasta volver a fiarse de alguien.
Luna trabaja en publicidad, vive en un piso siempre caldeado del centro de Madrid y tiene la clase de rutina que no parece frágil hasta que se rompe. Un miércoles cualquiera, después de una reunión interminable y de un chaparrón sin paraguas, abre la puerta de casa y no oye la televisión ni escucha a Carlos venir a recibirla. Solo están el gato y el silencio. En el dormitorio, la mitad de las perchas cuelgan vacías; en el baño faltan sus cosas; sobre la cama hay un papel arrancado con una letra que conoce demasiado bien. «Esto no funciona», dice. Nada más. El teléfono apagado, los padres de él que dejan de contestar, y ninguna respuesta a la única pregunta que importa: por qué.
Lo que sigue no es una investigación, sino un duelo. Nia Area narra en primera persona el desconcierto de quien busca señales en conversaciones antiguas y no encuentra ninguna, el impulso de defender al que se ha marchado, la vergüenza de no saber contarlo, las neveras tristes con medio limón seco y las cenas que se reducen a dos galletas para poder mentirse un rato. La autora acierta al nombrar lo que suele quedar fuera de las historias de desamor: no tanto la pérdida del otro como la sospecha de no saber quién se es sin él.
Frente a ese vacío está Alba, mejor amiga y conciencia a jornada completa, capaz de presentarse a medianoche con un «kit de emergencia para rupturas» y de amenazar con escribir al trabajo en nombre de Luna con tal de que descanse. Y está Raquel, que cruza medio mundo desde Canadá porque hay noticias que no se dan por mensaje. Entre las tres reaparecen los bares de la época universitaria, las risas que cuestan y los tacones prestados: la novela entiende que reconstruirse tiene menos de epifanía que de sábado noche con quien te quiere.
Un prólogo situado meses después deja entrever hacia dónde va todo. Luna vuelve a tener a alguien en su vida —alguien que aparece bautizado como «el Ojazos»—, aunque se niegue a ponerle nombre a lo que hay entre ellos: se ven a diario, no hay nadie más, y ahora se van juntos de vacaciones. Alba lo tiene claro; Luna, que ha aprendido a protegerse con una coraza que le sirvió cuando la necesitaba, está sencillamente aterrada. Ese contraste —el después que se adivina y el antes que aún duele— sostiene la novela y le da su verdadera pregunta: cuánto hay que sanar para atreverse otra vez.
Ambientada en un Madrid reconocible, con la Gran Vía siempre al fondo de la calle como un latido de ciudad que no se detiene por nadie, «Bajo las luces de Gran Vía» combina el humor cotidiano de los diálogos entre amigas con una mirada honesta al desamor. Una lectura para quien haya tenido que empezar de cero sin haberlo elegido, y para quien sepa que a veces la historia de amor más importante de una novela romántica es la que ocurre entre amigas.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.