Editada por Kristina Wright, *Bajo las sábanas* reúne diecisiete relatos de romance erótico firmados por diecisiete autoras. Con prólogo de Shayla Black y traducción de Ana Alcaina Pérez, la antología recorre el flechazo instantáneo, el…
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Editada por Kristina Wright, Bajo las sábanas reúne diecisiete relatos de romance erótico firmados por diecisiete autoras. Con prólogo de Shayla Black y traducción de Ana Alcaina Pérez, la antología recorre el flechazo instantáneo, el reencuentro después de la ruptura y la pasión que sobrevive a los años de convivencia. Cada historia parte de una premisa común: el deseo y el vínculo afectivo no se pueden separar sin que ambos pierdan sentido.
Hay antologías que se limitan a acumular escenas; esta se propone algo más difícil: demostrar que el erotismo y el romance son dos maneras de contar lo mismo. Kristina Wright, responsable de la selección, explica en su introducción que buscaba relatos con personajes verosímiles, gente de la que fuera posible enamorarse mientras ellos mismos se enamoran o pelean por seguir enamorados. El resultado son diecisiete piezas breves donde el sexo nunca funciona como decorado, sino como el terreno en el que los personajes negocian lo que quieren de otra persona.
El prólogo de Shayla Black sitúa el marco. La novela romántica, sostiene, es un género de esperanza: la promesa de que nadie está condenado a la soledad permanente. La literatura erótica, en cambio, es un viaje individual hacia la realización propia a través de la exploración del deseo. Al fundirlos, se obtiene un tipo de lectura que empuja hacia dentro y obliga a preguntarse qué barreras estaría uno dispuesto a derribar por el sexo, por el amor o por algo largamente postergado.
El abanico de situaciones es deliberadamente amplio. Están las historias de atracción fulminante, como Como un tren, de Delilah Devlin, o Los coros del amanecer, de Nikki Magennis. Están las parejas de largo recorrido que descubren que la llama no se ha apagado, en Recuerdos en venta y Una cana al aire, de Kate Pearce. Está el viejo amor que reaparece por vías contemporáneas en Échale la culpa a Facebook, de Kate Dominic, y el matrimonio que abre su intimidad a una amiga durante una tormenta en el relato de Erobintica. Los escenarios acompañan esa variedad: dormitorios y cocinas, bañeras y habitaciones de hotel, cabañas de montaña, camiones, bares y descampados al amanecer.
La colección abre con Lo que pasó en Las Vegas…, de Sylvia Day, donde un maestro cervecero de Portland y una diseñadora de joyas se reencuentran cuatro meses después de una ruptura que él provocó por pánico. La historia condensa bien el tono del conjunto: el encuentro físico llega antes que las palabras, pero son las palabras —una terapia empezada a tiempo, una propuesta de convivencia, un compromiso concreto— las que deciden el desenlace. Le sigue La primera noche, de Donna George Storey, con una novia que la mañana de su boda duda no de su pareja, sino de la institución que está a punto de firmar.
Lo que unifica el volumen es una idea sobre el riesgo. Abrir el corazón expone, y estos personajes lo saben: hablan claro, piden lo que necesitan y aceptan que la comunicación franca forma parte de una vida sexual satisfactoria. La antología funciona, por eso, tanto como lectura de evasión como retrato de lo que sostiene una relación en el tiempo: la conexión, la memoria compartida y la disposición a mostrarse entero ante alguien.
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