Cuando la cardióloga que atendió a su madre está a punto de graduarse y marcharse de la ciudad, Alejandra decide que ya no le basta con los cafés compartidos y la admiración a distancia.
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Cuando la cardióloga que atendió a su madre está a punto de graduarse y marcharse de la ciudad, Alejandra decide que ya no le basta con los cafés compartidos y la admiración a distancia. Una celebración empapada de lluvia y tequila rompe el equilibrio entre ambas, y lo que sigue es un pulso de acercamientos y retiradas que ninguna de las dos sabe nombrar. Relato erótico contemporáneo de temática lésbica, narrado a dos voces y ambientado en Venezuela; contiene escenas sexuales explícitas y está dirigido a público adulto.
Todo empieza con una fotografía enviada por mensajería: un par de cajas de cerveza y una botella, un regalo de graduación con dedicatoria y una invitación que se ofrece a sí misma. Alejandra lleva casi tres años conociendo a Liliana, la residente de cardiología a la que su familia le debe la recuperación de su madre tras un infarto. En ese tiempo se ha acostumbrado a una intimidad tibia y sin declaraciones —tardes de café, miradas sostenidas un segundo de más— que ahora corre contra el reloj: cuando Liliana reciba su título, volverá a su tierra.
La caravana de grado, con su desfile de autos, música a todo volumen y una lluvia que nadie esquiva, funciona como el umbral de la historia. De vuelta en el departamento de Alejandra, la excusa de ir por más licor deriva en un juego con tequila, sal y limón que las deja sin coartada. A la mañana siguiente, sin embargo, cada una levanta sus defensas: Liliana ensaya la naturalidad, Alejandra decide leer la noche como un accidente sin consecuencias, y ambas se instalan en una cortesía incómoda que las obliga a seguir viéndose en pasillos de hospital, cenas familiares y ascensores demasiado pequeños.
La novela avanza alternando las voces de las dos protagonistas, y ese contrapunto es su hallazgo principal: el lector accede al malentendido desde ambos lados y ve cómo un mismo gesto —un beso interrumpido, un silencio, una despedida apresurada— se interpreta como rechazo por una y como prudencia por la otra. El orgullo, el miedo a perder a la médica de la familia y la costumbre de no nombrar el deseo hacen el resto.
El viaje al llano, motivado por el nacimiento del sobrino de Liliana, desplaza el relato del terreno íntimo al familiar. Carreteras cerradas, un motel de paso, la casa construida a mano por un padre imperioso, el asado de celebración y la aparición inoportuna de un antiguo vínculo violento van desmontando la ficción de que entre ellas no ha pasado nada. La familia da por hecho lo que ninguna de las dos se atreve a formular, y esa suposición ajena termina siendo el empujón que faltaba.
Escrita con humor coloquial, abundante léxico regional y un pulso narrativo ágil, la obra combina comedia costumbrista, retrato familiar y erotismo sin eufemismos. Su tensión no está en si habrá encuentro físico —lo hay, y con generosidad—, sino en si dos mujeres acostumbradas a controlarlo todo serán capaces de admitir en voz alta lo que ya se han dicho con el cuerpo, antes de que un título universitario y varios cientos de kilómetros decidan por ellas. Obra para lectores adultos por su contenido sexual explícito.