Una novela histórica que entrelaza dos voces femeninas de una misma familia vienesa —Adele Bloch-Bauer, musa e inspiradora del célebre retrato dorado de Gustav Klimt, y su sobrina Maria Altmann, recién casada cuando la anexión nazi de…
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Una novela histórica que entrelaza dos voces femeninas de una misma familia vienesa —Adele Bloch-Bauer, musa e inspiradora del célebre retrato dorado de Gustav Klimt, y su sobrina Maria Altmann, recién casada cuando la anexión nazi de Austria en 1938 destroza de la noche a la mañana su mundo— para narrar, a través de ambas, el destino de una obra de arte robada, de una familia judía perseguida y de la memoria que sobrevive a la barbarie.
‘Belleza dorada’ construye su relato en dos tiempos que se responden como un eco. En 1938, Maria Altmann es una joven recién casada que ve cómo su vida —los bailes, el champán, la música de Schubert— se desmorona en cuestión de horas cuando las tropas de Hitler entran en Viena y sus vecinos, de la noche a la mañana, se descubren como entusiastas del nuevo régimen. Separada de su marido, obligada a cruzar una ciudad tomada por soldados y saludos forzados, Maria busca refugio en casa de su tío Ferdinand Bloch-Bauer, mecenas e industrial, y allí, en la sala dedicada a la memoria de su tía Adele, se enfrenta al legado silencioso que esa mujer dejó tras de sí. La segunda línea temporal retrocede a la Viena de finales del siglo XIX para reconstruir la infancia y juventud de Adele: una niña curiosa e inteligente, nacida en el seno de una acaudalada familia judía asimilada, que desafía las convenciones de su época —el acceso restringido de las mujeres a la educación, la anatomía, la filosofía— y que crecerá hasta convertirse en una anfitriona de salón, mecenas del círculo de la Secesión vienesa y modelo de uno de los retratos más famosos de Gustav Klimt. A través de la voz de Adele, la novela explora el despertar intelectual y artístico de una mujer que se resiste a los límites impuestos por su género y su tiempo; a través de la de Maria, retrata el horror concreto y cotidiano de la ocupación, el expolio de bienes y obras de arte a las familias judías, y la huida hacia el exilio. Ambas historias convergen en el propio retrato dorado —símbolo de una época de esplendor cultural vienés y, después, botín de guerra— y en la lucha posterior de una familia por recuperar lo que le fue arrebatado. Con una prosa que combina la intimidad del testimonio personal con el pulso de la novela histórica, la obra reflexiona sobre la identidad judía en la Europa de entreguerras, el poder del arte como memoria y la manera en que dos mujeres, separadas por generaciones, quedaron unidas por un mismo cuadro y un mismo destino.