En el Berlín ocupado del verano de 1945, entre las ruinas, el estraperlo y las cartillas de racionamiento, el inspector Klaus Dietrich —mutilado de guerra y recién nombrado al frente de la policía criminal de Zehlendorf— investiga el…
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En el Berlín ocupado del verano de 1945, entre las ruinas, el estraperlo y las cartillas de racionamiento, el inspector Klaus Dietrich —mutilado de guerra y recién nombrado al frente de la policía criminal de Zehlendorf— investiga el asesinato de una joven alemana estrangulada con una cadena junto a las vías del metro de Onkel Toms Hütte, en plena zona americana. Mientras la trama avanza entre la tensión con las autoridades de ocupación y la vida cotidiana de una ciudad partida en sectores, la novela retrocede hasta la infancia rural de la víctima, Karin Rembach, y da voz también al hombre que la acecha, un depredador metódico que elige a sus presas por su cabello rubio y sus ojos azules.
Berlín, verano de 1945. La guerra ha terminado, pero la ciudad sigue partida en heridas visibles: alambradas que separan barrios enteros reservados a los soldados aliados, cartillas de racionamiento, mercado negro y niños que sobreviven recogiendo colillas de cigarrillo americano para revenderlas. En ese paisaje de escombros y reconstrucción improvisada, un cadáver aparece bajo el andén de la estación de metro de Onkel Toms Hütte: una joven vestida con ropa y zapatos comprados en el economato militar estadounidense, estrangulada con una cadena y agredida con una violencia que desconcierta incluso a los forenses.
La investigación recae en Klaus Dietrich, inspector de policía en el distrito de Zehlendorf, un excombatiente que perdió una pierna en los últimos días de la guerra y que debe conducirla con los medios precarios de una Alemania derrotada —un coche de gasógeno, falta de personal, y la obligación de negociar cada paso con la policía militar estadounidense, poco dispuesta a ceder jurisdicción a un antiguo enemigo—. A su alrededor se despliega un mosaico de vida cotidiana bajo ocupación: la familia del inspector, instalada en casa de sus suegros; su hijo adolescente, fascinado por los coches, el chicle y la música americana; los comercios de racionamiento regidos por cartillas y favores; los clubes recién montados para la tropa aliada; y las mujeres alemanas que trabajan para los ocupantes y regresan de noche por calles a oscuras.
Paralelamente, la novela reconstruye la vida de la víctima, Karin Rembach, criada en una granja de Turingia tras la muerte de su madre, hija de un aviador inglés al que nunca volvió a ver, marcada desde niña por no encajar del todo entre sus parientes campesinos y por soñar con el glamour que entrevé en las revistas y en una compañía teatral ambulante que un verano llega a su pueblo. Ese salto entre el presente de la investigación y el pasado de la víctima se completa con la perspectiva, perturbadora, del propio agresor: un hombre atormentado por una humillación sexual temprana que ha convertido en ritual la caza de mujeres rubias de ojos azules, a las que sigue en moto, con gafas protectoras y casco de cuero, antes de repetir un mismo gesto de violencia extrema.
A medida que policía y ocupantes cruzan pistas —un testigo con gafas de motorista, un anillo desaparecido, un novio americano que debe ser interrogado según las reglas impuestas por los vencedores—, la obra teje una novela negra de posguerra que es también un retrato coral de una ciudad en transición: la desconfianza entre alemanes y aliados, la supervivencia diaria bajo el racionamiento, y la amenaza silenciosa de un depredador que ya ha matado antes y volverá a hacerlo si nadie lo detiene a tiempo.