Clásico de la literatura popular italiana, esta obra reúne en tres tratados las andanzas de Bertoldo, un campesino deforme pero de ingenio prodigioso, y las de su hijo Bertoldino y su nieto Cacaseno.
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Clásico de la literatura popular italiana, esta obra reúne en tres tratados las andanzas de Bertoldo, un campesino deforme pero de ingenio prodigioso, y las de su hijo Bertoldino y su nieto Cacaseno. Ambientada en la corte de Alboino, rey de los longobardos, en Verona, la narración enfrenta la astucia rústica con el poder cortesano: Bertoldo responde con sentencias agudas a los acertijos del monarca, sortea castigos mediante tretas ingeniosas y desenmascara la adulación palaciega. Escrita por Julio César Croce y ampliada por Adriano Banchieri, la versión castellana de Juan Justo Uguet ofrece una comedia moral donde cada chiste encierra un pensamiento y cada réplica, una lección.
Cuando el rústico Bertoldo cruza sin ceremonia las antecámaras del palacio de Verona y se sienta junto al rey Alboino sin quitarse el sombrero, comienza uno de los duelos de ingenio más celebrados de la literatura popular europea. Pequeño, velludo y de rostro grotesco —el reverso de Narciso, dice el narrador—, Bertoldo compensa su fealdad con una agudeza implacable: a cada pregunta del monarca responde con una sentencia que desarma, y a cada amenaza opone una astucia que lo salva. Condenado a volver «como las moscas» bajo pena de horca, regresa montado en un borrico llagado y cubierto de tábanos; obligado a presentarse «ni vestido ni desnudo», comparece envuelto en una red de pescar. Su malicia no se detiene ante nadie: enreda a las mujeres de la ciudad con el falso rumor de una ley que permitiría a cada hombre tomar siete esposas, provocando un motín que obliga al rey a retractarse de sus elogios al sexo femenino; esquiva la paliza que la reina le tiene preparada con súplicas de doble filo, y humilla en público al bufón Fagoto en un torneo de pullas memorable. El primer tratado, escrito por Julio César Croce y publicado a comienzos del siglo XVII, se prolonga en las historias del hijo Bertoldino y del nieto Cacaseno, esta última debida a Adriano Banchieri. La presente edición castellana, arreglada del toscano por Juan Justo Uguet, incluye un prefacio que reivindica el valor de esta leyenda —emparentada con las más antiguas disputas entre villanos y reyes— como retrato de la fisonomía moral de un pueblo: una novela que instruye deleitando, donde el sabio hallará mucho que admirar y el ignorante infinito que aprender.