Tras ver morir a toda su familia cuando era niño por orden del entonces jefe de policía, Oliver crece entrenando boxeo y templando su mente para cobrar venganza.
Descargar
Tras ver morir a toda su familia cuando era niño por orden del entonces jefe de policía, Oliver crece entrenando boxeo y templando su mente para cobrar venganza. Doce años después, el responsable se ha convertido en gobernador de la ciudad, pero eso no frena sus planes. En el camino hacia su ajuste de cuentas descubre el amor junto a una joven ciega y la amistad de una niña de la calle, mientras la corrupción que domina la ciudad revela capas más oscuras de lo que imaginaba.
Oliver vive escondido en un edificio abandonado, compañía de gatos, vagabundos y una niña llamada Candy que se ha convertido en su única cercanía afectiva. Doce años atrás, siendo apenas un niño, presenció el asesinato de sus padres y sus dos hermanos a manos de un grupo de criminales que actuaban por encargo del entonces jefe de policía, molesto por un reportaje que su padre, periodista, había publicado sobre la connivencia entre las autoridades y el crimen organizado. Desde el orfanato hasta la vida adulta, Oliver ha canalizado el dolor en un entrenamiento físico y mental disciplinado, con el boxeo como forma de templar el cuerpo y la ira, aunque una derrota humillante en la final de un torneo aún lo persigue como recordatorio de sus límites.
Mientras trabaja como mesero en una cafetería frente al palacio de gobierno, Oliver reconoce entre los clientes habituales a uno de los hombres que participó en la masacre de su familia, ahora integrado en una banda que extorsiona comercios con total impunidad. El hallazgo reaviva y complica su plan original: el objetivo ya no es solo el hombre que ordenó los crímenes —hoy gobernador de la ciudad— sino también quienes ejecutaron sus órdenes. Antes de sumergirse por completo en ese propósito, decide despedirse de Amy, la hija ciega de la dueña de la cafetería, con quien ha compartido años de lecturas, confidencias y un afecto que ninguno de los dos termina de nombrar del todo. Apartarse de ella es, para Oliver, un acto de protección: teme que su venganza la arrastre a un peligro del que no podrá salvarla.
Entre patrullajes nocturnos donde pone a prueba sus límites frente a pequeños delincuentes, la vigilancia discreta de Candy —que insiste en esperarlo cada noche pese a los riesgos de la calle— y el recuerdo constante de la fiesta que se organiza cada año frente al palacio de gobierno, Oliver traza los pasadizos coloniales que podrían darle acceso a su objetivo el día del discurso oficial. Pero la ciudad que cree conocer, gobernada por la delincuencia con la aquiescencia de una policía cómplice, esconde una oscuridad más profunda de lo que sus años de dolor y disciplina lo habían preparado para enfrentar. La novela combina la crónica íntima de una venganza largamente planeada con el retrato de una ciudad donde el poder y el crimen se confunden, y donde el amor y la amistad se abren paso incluso en medio del cálculo y la violencia.