Una joven que ha perdido a su madre y vive aislada en Londres encuentra en un foro filosófico de internet, Red Pill, un mundo de certezas racionales que sustituye sus vínculos reales.
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Una joven que ha perdido a su madre y vive aislada en Londres encuentra en un foro filosófico de internet, Red Pill, un mundo de certezas racionales que sustituye sus vínculos reales. Allí conoce a Adrian Dervish, fundador del foro, y entabla con una mujer llamada Tess una relación por videollamada marcada por el miedo y el secreto. Meses después, convencida de que Tess ha muerto, viaja sola a una comuna remota en las montañas españolas para reconstruir, en un diario que también es una defensa ante la policía, todo lo que ocurrió y lo que nunca contó a nadie.
La narradora, una mujer joven que trabaja desde casa como probadora de software, reconstruye por escrito los hechos que la han llevado hasta una comuna aislada en las montañas de España, sin electricidad ni cobertura, donde espera encontrar pruebas de la muerte de Tess. El relato avanza en dos tiempos: el de esa última conversación por webcam, en la que Tess apareció asustada, pidió ver el rostro de su interlocutora y colgó sin despedirse del todo; y el de los meses y años anteriores, narrados desde el presente del diario que la protagonista escribe en su tienda de campaña, entre desconocidos que le resultan tan ajenos como fascinantes. Huérfana de madre tras una larga enfermedad degenerativa, la protagonista se instaló en un piso barato de Rotherhithe, comprado con lo poco que quedó tras vender la casa familiar, y allí construyó una vida cada vez más volcada hacia el ordenador: primero los videojuegos, después un foro de debate filosófico, Red Pill, dirigido por el carismático Adrian Dervish, cuyos podcasts sobre epistemología y libertarismo la sedujeron con su promesa de verdad racional frente al ruido social de las redes y las amistades del instituto. En ese entorno surgió el vínculo con Tess, una relación cada vez más íntima y desequilibrada que terminó envuelta en miedo, silencios y una despedida que la protagonista no deja de repasar. El texto insinúa además otro nombre, Connor, y un episodio del que nunca ha hablado con nadie, ni siquiera con la policía que la ha interrogado. Escrito como un testimonio destinado a fijar «un relato definitivo» de los hechos, frente a las versiones y sospechas de terceros, el libro combina la crónica íntima de un duelo, la crítica a la vida social mediada por pantallas y el suspense de una investigación personal que la protagonista lleva a cabo por su cuenta, kilómetros lejos de casa, mientras trata de entender hasta qué punto fue responsable de lo que le pasó a Tess.