En el pequeño pueblo de Shelby, Iowa, Kaitlyn Killeen sueña con marcharse a Chicago para cumplir su vocación de diseñadora de moda. Cuando un accidente de tráfico pone en su camino a un misterioso desconocido que dice llamarse Clay…
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En el pequeño pueblo de Shelby, Iowa, Kaitlyn Killeen sueña con marcharse a Chicago para cumplir su vocación de diseñadora de moda. Cuando un accidente de tráfico pone en su camino a un misterioso desconocido que dice llamarse Clay Reynolds, la joven no imagina que tras esa identidad se esconde el heredero de la empresa que da trabajo a medio pueblo, infiltrado para investigar irregularidades en la fábrica familiar. Instalado en el apartamento sobre el garaje de los Killeen, Clay descubre en Kaitlyn una franqueza y un carácter que no esperaba encontrar, mientras ella lucha por no dejarse arrastrar por la atracción hacia un hombre que cree tan necesitado como ella.
Kaitlyn Killeen lleva años sacando adelante la casa de su padre viudo y de sus dos hermanos en Shelby, un pueblo de Iowa donde todo el mundo se conoce y la fábrica de electrónica McCashlin es prácticamente el único horizonte laboral. Ella tiene otros planes: terminar sus estudios, reunir el dinero suficiente y marcharse a Chicago para convertirse en diseñadora de moda, un sueño que guarda casi en secreto porque sabe que a su familia le costará aceptar su partida.
Un accidente cambia sus planes inmediatos: su padre, Frank, atropella sin querer a un motorista que resulta estar sin trabajo ni domicilio. Por gratitud y sentimiento de culpa, Frank ofrece al desconocido —que se presenta como Clay Reynolds— la habitación vacía sobre el garaje mientras se recupera y busca empleo en la planta local. Lo que nadie en la familia sospecha es que ese hombre es en realidad Clay McCashlin, hijo del dueño de la empresa, que se ha hecho pasar por un trabajador cualquiera para investigar en persona unas pérdidas económicas que ni siquiera una auditoría ha sabido explicar.
Instalado bajo una identidad falsa y con un empleo de almacén conseguido para tener acceso al inventario, Clay se propone mantener las distancias y centrarse en su misión. Pero la convivencia diaria con los Killeen —las cenas familiares, las discusiones entre hermanos, la entrega silenciosa de Kaitlyn hacia todos menos hacia sí misma— lo descoloca. Ella, por su parte, se resiste a que un hombre de paso, por atractivo y atento que sea, la distraiga de la vida que ha planeado construirse lejos de Shelby.
Entre gestos cotidianos —una mesa bien puesta, una cerveza compartida bajo un ventilador, un beso que ninguno de los dos busca pero que ninguno logra olvidar— la atracción entre ambos crece a la par que las mentiras se acumulan. Mientras Clay avanza en su investigación sobre el fraude en la fábrica y debe sortear a antiguos conocidos que podrían reconocerlo, Kaitlyn empieza a preguntarse por qué un hombre supuestamente sin nada que perder despierta en ella dudas que no sabía que tenía sobre su propio futuro. Una historia sobre las apariencias, la lealtad familiar y el momento en que los planes cuidadosamente trazados chocan con lo inesperado del corazón.