Britney Linum cambia una tienda de regalos por el puesto de asistente personal en una agencia de publicidad, donde deberá contener —y vigilar— al heredero indisciplinado que acaba de heredar el mando de la empresa.
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Britney Linum cambia una tienda de regalos por el puesto de asistente personal en una agencia de publicidad, donde deberá contener —y vigilar— al heredero indisciplinado que acaba de heredar el mando de la empresa.
A los veinticuatro años, Britney Linum ha aprendido a sonreír mientras cuenta monedas ajenas. Su título en marketing lleva meses guardado en un cajón y sus días transcurren entre estantes de baratijas y la charla bienintencionada de una compañera que no entiende por qué alguien querría más. Cuando una llamada inesperada la convoca a una entrevista en Walker Enterprises, Britney ve por fin la grieta por donde colarse: una agencia de publicidad de primer nivel, un edificio de mármol y ventanales, y un puesto que, aunque modesto, podría ser el primer peldaño.
La entrevista revela que el trabajo no es lo que imaginaba. El fundador de la empresa se lanza a una campaña por la gubernatura y deja el negocio en manos de su hijo Rick, un heredero al que él mismo describe sin indulgencia: consentido, distraído, más interesado en el gasto y la vida social que en las cifras trimestrales. La asistente que contrata no está pensada solo para archivar y servir cafés: deberá sostener a Rick, evitar que se meta en problemas e informar discretamente al padre. Britney acepta sin medir del todo lo que implica ese doble encargo.
El primer día confirma sus peores presagios. Rick la recibe con desdén, la despacha con órdenes secas y convierte un accidente con una taza de café en una humillación pública. Britney descubre que en esa oficina nadie quiere asociarse con quien está en la línea de fuego, y que el precio de su ambición será sostener la compostura de puertas afuera y desmoronarse solo cuando nadie la vea. Aun así, se niega a rendirse antes de haberlo intentado.
El giro llega en una sala de juntas. Cuando los gerentes europeos detectan que las cifras que Rick presenta no cuadran y el ambiente se vuelve en su contra, Britney asume públicamente una culpa que no le corresponde. El gesto reordena todo: Rick, sorprendido, deja caer por primera vez su armadura y admite lo que teme, que su padre tenga razón sobre él. Del suelo de la oficina, rodeado de papeles que no ha leído, surge algo parecido a una alianza. Entre ambos empieza a formarse un equilibrio nuevo, hecho de trabajo compartido y de miradas que ninguno de los dos sabe nombrar.
Fuera de la oficina, Britney encuentra en la recepcionista Sasha la amistad que le faltaba desde la universidad, y con ella las advertencias de rigor: la reputación de Rick como seductor incorregible, el consejo de no confundir una noche con un futuro. Una salida nocturna que debía ser una celebración se tuerce en un encuentro incómodo con un desconocido insistente, y una voz conocida aparece justo cuando Britney más necesita que alguien intervenga.
Narrada en primera persona, con humor seco y una protagonista que se observa a sí misma sin piedad, la novela combina la comedia de oficina con el romance de tensión creciente. Es la historia de una mujer decidida a labrarse un lugar por mérito propio, atrapada entre la lealtad al hombre que la contrató, la responsabilidad hacia el que la desprecia y el deseo que ninguno de los dos ha admitido todavía.