Una sátira agridulce sobre el mundo editorial contada desde dos orillas opuestas: Jim, un aspirante a novelista obstinado que lleva años coleccionando rechazos y sigue convencido de que su próximo manuscrito será el bestseller que lo saque…
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Una sátira agridulce sobre el mundo editorial contada desde dos orillas opuestas: Jim, un aspirante a novelista obstinado que lleva años coleccionando rechazos y sigue convencido de que su próximo manuscrito será el bestseller que lo saque de su cuarto realquilado en Londres, y Charles Randall, el veterano director de una pequeña editorial independiente que ve cómo su empresa, con treinta años de catálogo literario a sus espaldas, cae bajo el control de un consultor financiero enviado por unos accionistas más interesados en los márgenes que en los libros.
La novela entrelaza dos historias que giran, desde ángulos opuestos, en torno a la misma pregunta: qué hace falta para que un libro exista de verdad. Por un lado sigue a Jim, un escritor sin publicar que arrastra más de una década de manuscritos rechazados —novelas de suspense reescritas a la fuerza, ficción histórica, un libro de viajes, poemarios nacidos de crisis nerviosas— y que, tras un ingreso psiquiátrico y meses de investigación obsesiva en bibliotecas y librerías sobre la diferencia entre un libro publicado y uno inédito, termina su nueva obra convencido de que por fin ha dado con el bestseller que cambiará su suerte. Mientras tanto, en un sótano londinense, Charles Randall, fundador y director de una editorial pequeña pero prestigiosa que ha sobrevivido tres décadas a fuerza de tozudez y calidad literaria, se enfrenta a Nick Tinsley, un consultor apodado «el Tiburón» impuesto por los nuevos dueños de la empresa: un magnate papelero holandés y su socio etíope, cuyos intereses en la industria del papel y la impresión resultan tan vastos como opacos. La conversación entre ambos —hecha de cifras, presupuestos y amenazas veladas de recorte— expone el choque entre la vocación editorial de toda una vida y la lógica puramente financiera que amenaza con imponerse. Con un tono irónico y observacional, la obra retrata el ecosistema entero del libro —autores desesperados, agentes cínicos, editores acorralados, inversores ajenos a la literatura— y convierte la ilusión de la publicación en el hilo que conecta destinos aparentemente irreconciliables.