Tras un accidente de tráfico que le arrebata a su hermano gemelo, Bill se refugia en una casa apartada, incapaz de sentir el duelo que todos esperan de él.
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Tras un accidente de tráfico que le arrebata a su hermano gemelo, Bill se refugia en una casa apartada, incapaz de sentir el duelo que todos esperan de él. Allí, en una vivienda abandonada del bosque, un viejo espejo le revela la imagen de una joven que parece vivir en otro tiempo, y esa presencia silenciosa comienza a devolverle algo que creía perdido.
Bill acaba de salir del hospital cuando su familia decide alejarlo de Hamburgo y de la prensa, instalándolo en la casa rural de unos parientes lejanos. El accidente que lo llevó allí se cobró la vida de Zack, su hermano, y sin embargo Bill no logra llorar, ni sentir rabia, ni experimentar nada de lo que su madre y su padrastro esperan ver en su rostro. Esa insensibilidad lo inquieta más que el propio dolor: sabe que debería sufrir y no puede, y esa distancia consigo mismo se convierte en el verdadero conflicto de sus primeros días de convalecencia.
Entre el frío del invierno alemán, las comidas puntuales de la casa y los recuerdos que insisten en aparecer —bromas con Zack junto a una piscina, discusiones sobre fantasmas, tardes de infancia junto a un río—, Bill empieza a explorar los alrededores. Descubre una casa vecina, abandonada desde hace años, con los cristales rotos y los muebles cubiertos de polvo. En una de sus habitaciones hay un espejo enorme, apoyado contra la pared, que lo atrae sin que sepa explicar por qué.
Lo que empieza como una simple curiosidad se transforma en algo que desafía cualquier explicación cuando, entre reflejos y silencios, el cristal empantanado por el polvo empieza a mostrarle un cuarto que no es el suyo, y en él, a una chica de mirada gris que habla por teléfono, se ríe y se mueve como si la separación entre ambos espacios no existiera. La pregunta que empieza a formularse Bill —si ella puede verlo a él tanto como él la ve a ella— abre la puerta a una historia sobre el duelo, la memoria y la posibilidad de que algo, o alguien, ajeno al tiempo que conocemos, pueda devolverle la capacidad de sentir.