En los Reinos Mortales de la Era de Sigmar, una isla negra emerge de repente frente a las costas de Kranzinnport, una ciudad portuaria que hasta entonces vivía en una calma inusual.
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En los Reinos Mortales de la Era de Sigmar, una isla negra emerge de repente frente a las costas de Kranzinnport, una ciudad portuaria que hasta entonces vivía en una calma inusual. Mientras el temor se apodera de sus habitantes, en la lejana Xil'anthos una antigua sacerdotisa guerrera, quebrada por la pérdida de su cruzada y de su fe, comienza a predicar contra el propio Sigmar, sembrando la duda entre quienes aún confían en el rey Dios.
La novela abre con una imagen inquietante: una polilla portadora de un rastro de polvo plateado se adentra en las ruinas de un viejo castillo devorado por un pantano, donde algo antiguo y despiadado aguarda noticias del mundo exterior. Ese presagio da paso al relato de Kranzinnport, una ciudad costera aferrada a los acantilados sobre el mar Zarcillo, cuya vida cotidiana transcurre entre mercados bulliciosos, disputas vecinales y la rutina apacible de familias como la de Odger Pellin, el encargado del mercado, su esposa Melita y su hijo Clovis. Esa normalidad se quiebra cuando, ante los ojos de toda la ciudad, algo emerge del mar: una masa de piedra negra rodeada de niebla y un hedor a putrefacción, un fenómeno que nadie sabe explicar y que obliga a la guarnición local a prepararse para lo desconocido. En paralelo, la historia viaja a Xil’anthos, una ciudad fronteriza levantada en plena Franja Siempreverde. Allí llega Amara Fidellus, una mujer marcada por cicatrices físicas y espirituales, antigua sacerdotisa guerrera que abandonó su armadura y su martillo tras el desastre de una cruzada aniquilada en las llanuras de Tyria. Convencida de que Sigmar abandonó a los suyos en su momento de mayor necesidad, Amara recorre los asentamientos de las tierras salvajes proclamando un mensaje herético: que la fe en el rey Dios es una ilusión tan frágil como las murallas que protegen estas ciudades de frontera. Su llegada al templo de Xil’anthos, en pleno sermón de un sacerdote local, desata una confrontación pública entre la devoción oficial y el desengaño de quien una vez fue una de sus más firmes defensoras. Entre el misterio que asoma en las aguas de Kranzinnport y la crisis de fe que Amara siembra en Xil’anthos, la obra construye dos frentes narrativos que anticipan una amenaza mayor para el Orden, explorando con crudeza los costes humanos y espirituales de sobrevivir —y de creer— en los hostiles Reinos Mortales.