Segundo volumen de la colección Grandes Maestros del Ajedrez dedicado a Bobby Fischer, que reconstruye su infancia en Brooklyn, el origen incierto de su figura paterna, el temprano y casi obsesivo descubrimiento del ajedrez junto a su…
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Segundo volumen de la colección Grandes Maestros del Ajedrez dedicado a Bobby Fischer, que reconstruye su infancia en Brooklyn, el origen incierto de su figura paterna, el temprano y casi obsesivo descubrimiento del ajedrez junto a su hermana Joan, y su meteórica irrupción en el ajedrez adulto estadounidense entre 1956 y 1957, con especial atención a la célebre «partida del siglo» contra Donald Byrne.
Este volumen abre el retrato de Bobby Fischer no en la cumbre de su carrera, sino en sus orígenes más modestos: un niño delgado y de ropa humilde que recorre las calles del downtown ajedrecístico de Nueva York —el Marshall Chess Club, Washington Square, las tiendas de material especializado— sin que nadie repare aún en él. A partir de testimonios de allegados como Ron Gross, el relato reconstruye el ambiente en que se formó: un hogar encabezado por Regina Fischer, mujer políticamente activa, vigilada por el FBI y de vida económica precaria, y la sombra de una paternidad nunca esclarecida del todo entre el físico alemán Hans Gerhardt Fischer y el matemático húngaro Paul Nemenyi. El texto se detiene en el episodio fundacional de su vocación —una caja de juegos reunidos que su hermana Joan trae a casa cuando Bobby tiene seis años— y en cómo ese pasatiempo compartido se transforma rápidamente en una entrega solitaria y absorbente al tablero, hasta el punto de preocupar a su madre y llevarla a consultar a un psiquiatra. Se narra también su primera derrota pública, en una sesión de simultáneas contra el maestro Max Pavey, y el papel de Carmine Nigro y el Brooklyn Chess Club en encauzar ese talento incipiente. El núcleo narrativo del volumen es el ascenso vertiginoso entre 1956 y 1957: el título juvenil de Estados Unidos logrado con solo trece años, su paso por torneos de nivel adulto y, sobre todo, la partida disputada en el torneo Rosenwald contra el Maestro Internacional Donald Byrne, cuya secuencia de sacrificios y jaques quedaría inmortalizada como «la partida del siglo». El relato cierra este primer tramo con la entrada de Fischer, todavía adolescente, en el Campeonato de Estados Unidos frente a nombres consagrados como Samuel Reshevsky y Arthur Bisguier, marcando el instante en que un niño autodidacta de Brooklyn empieza a ser visto como un fenómeno irrepetible del ajedrez mundial.
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