Aurora Espósito, joven actriz barcelonesa de 22 años, arrastra el duelo por la muerte de sus padres y una relación que empezó como cuento de hadas y terminó convertida en jaula.
Descargar
Aurora Espósito, joven actriz barcelonesa de 22 años, arrastra el duelo por la muerte de sus padres y una relación que empezó como cuento de hadas y terminó convertida en jaula. Lucas, su compañero de teatro, pasó de las flores y los halagos al control sobre lo que come, lo que viste y con quién habla, hasta que los celos derivaron en violencia. Rodeada de dos amigas que no piensan soltarla y con un hermano que la espera al otro lado del océano, Aurora deberá decidir si sigue esperando al hombre del que se enamoró o si empieza a construir a la mujer que quiere ser.
Barcelona es, para Aurora Espósito, una ciudad hecha de ausencias. Un accidente aéreo se llevó a sus padres —un español enamorado y una irlandesa pelirroja de la que heredó las pecas y el cabello rojizo— y su hermano Fermín, incapaz de sostener el peso de los recuerdos, rehízo su vida como psiquiatra en Chile. A los 22 años, en su último curso de Artes Escénicas, Aurora sobrevive gracias a dos anclas: el escenario, donde puede ser cualquiera menos ella misma, y sus amigas Emily, dulce y paciente, y Chloe, frontal, intuitiva y algo bruja.
La tercera ancla es la más frágil. Lucas llegó al elenco del teatro con buena planta y mejores modales, y conquistó a Aurora con rosas blancas y palabras de miel. Al cumplirse dos años, el hombre atento se replegó y dejó paso a otro: el que revisa los minutos de retraso, el que decide qué puede comer, el que llama «gordita» a una chica que de niña sobrevivió a la bulimia y a un intento de suicidio, el que llama «manchas» a sus pecas y le repite que nadie la querrá como él. Aurora aprende a llevar mangas largas, a ocultar los moratones de las muñecas bajo abrigos de invierno y a inventar excusas para sus amigas, mientras se convence de que el problema es su impuntualidad, su cuerpo, su culpa.
El aislamiento avanza con método: menos cafeterías, menos ensayos compartidos, menos vida propia. Y entonces llega la noche del cumpleaños, la fiesta que Aurora organiza a espaldas de Lucas para respirar unas horas, y la irrupción que convierte una celebración en emergencia. De ese punto no hay regreso: hay una cama de hospital, un hermano que ha cogido el primer vuelo, un parte médico que enumera costillas rotas y una pérdida que ninguna cifra alcanza a nombrar. Hay también, por primera vez, una pregunta que Aurora no puede seguir esquivando.
La recuperación es lenta y desigual: reposo, fisioterapia, pesadillas que no cesan, una denuncia que no llega a presentarse y un futuro que se abre entre la graduación con las chicas y la oferta insistente de Fermín de empezar de cero al otro lado del Atlántico. Cuando Lucas reaparece en su puerta con un ramo de rosas blancas y una dirección escrita en una tarjeta, Aurora decide, por fin, ir de frente. Lo que encuentra en ese acuario —una joven arrastrada del brazo, unos gritos al fondo de un pasillo— sugiere que la historia de su ex es más turbia de lo que imaginaba, y que la salida no será tan sencilla como cerrar una puerta.
Escrita por Beatriz Luna con edición de Claudia Hernández, esta novela romántica de suspense narra en primera persona el mecanismo íntimo de una relación abusiva: cómo el amor se confunde con la dependencia, cómo el elogio se convierte en corrección y la corrección en miedo. Sin renunciar al pulso de la ficción —el sueño recurrente de unos ojos azul zafiro que prometen otra vida, la promesa de un comienzo en Chile—, la autora sostiene un mensaje explícito: si te sientes incómoda, sal de ahí; si tienes miedo, pide ayuda. La historia de Aurora es inventada; el patrón que retrata, reconocible para demasiadas lectoras.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.