Comedia romántica contemporánea narrada a dos voces. Spencer, terapeuta sexual de treinta y tres años y madre soltera de tres hijos, pierde su consulta en Nueva Orleans por un escándalo ajeno y no le queda más salida que volver al pueblo…
Descargar
Comedia romántica contemporánea narrada a dos voces. Spencer, terapeuta sexual de treinta y tres años y madre soltera de tres hijos, pierde su consulta en Nueva Orleans por un escándalo ajeno y no le queda más salida que volver al pueblo donde creció. Al otro lado del camino de entrada la espera Cooper, el vecino y novio de la adolescencia, recién divorciado y decidido a no volver a enamorarse. Novela para lectores adultos (+18).
Hay una palabra para los adultos que regresan a la casa materna después de años de independencia, y Spencer Rose está a punto de encarnarla con todo lo que implica: tres hijos, una mudanza precipitada y la sensación de que la vida que construyó se le deshizo entre los dedos en una sola tarde.
En Nueva Orleans, Spencer se ganó una reputación sólida como psicóloga especializada en terapia sexual: sabe explicar el placer sin pudor, reconstruir la intimidad de parejas que ya se daban por perdidas y sostener una consulta con lista de espera. La ironía la persigue de cerca. Fuera del consultorio, sus días se reparten entre gemelos de doce años en plena tormenta hormonal y un preescolar al que sus hermanos apodaron con justicia, y sus noches transcurren en una soledad que ella misma describe con humor resignado. Cuando el dueño de la clínica arrastra el negocio a un escándalo profesional que hace inviable seguir ejerciendo en la ciudad, la única puerta abierta es la de su madre, viuda desde hace un año, en el pueblo pequeño de Luisiana del que Spencer se fue prometiéndose no volver.
Cooper llegó primero, apenas un par de semanas antes. Con la tinta del divorcio todavía fresca, regresó para tomar las riendas del despacho familiar y con un voto privado bajo el brazo: se acabaron las relaciones. El plan resiste exactamente hasta la mañana en que una camioneta desconocida aparece en la entrada de los vecinos de siempre y de ella baja la chica de la casa de al lado, quince años después, con tres razones vivas para complicarle la vida. Cooper la quiso casi desde que tiene memoria y ha dedicado el resto del tiempo a intentar olvidarla; lo que no calculó fue lo poco que ese entrenamiento le serviría cuando volviera a tenerla enfrente.
La novela avanza en capítulos alternos entre las dos voces, y ese contrapunto es su mayor virtud: el registro de Spencer es descarado, autoirónico y confesional, con apartes al lector y una franqueza sin culpa sobre el deseo; el de Cooper llega más contenido, defensivo, atravesado por una nostalgia que no termina de admitir. Entre ambos se cuela un retrato afilado de la maternidad en solitario —el padre ausente que aparece y desaparece dejando decepciones a su paso, los presupuestos que no alcanzan, las decisiones grandes que hay que tomar sin nadie con quien consultarlas— y una comunidad de pueblo donde dos madres vecinas se enteran de todo antes que sus propios hijos.
Es, en el fondo, una historia de segundas oportunidades que se toma en serio el desorden: el amor de juventud que vuelve cuando ninguno de los dos está disponible, la casa de la infancia convertida en refugio de emergencia, los hijos que no son un obstáculo decorativo sino personajes con voz, rabia y ternura propias. Comedia, caos doméstico y una tensión romántica que ninguno de los dos supo desactivar en quince años, en una lectura pensada para público adulto por su lenguaje explícito y su contenido sexual.