Memoria personal en la que un músico repasa su infancia en un pueblo obrero de Nueva Jersey, marcada por una casa familiar dividida entre abuelos y padres, la omnipresencia de la iglesia católica y una mezcla de herencias irlandesa e…
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Memoria personal en la que un músico repasa su infancia en un pueblo obrero de Nueva Jersey, marcada por una casa familiar dividida entre abuelos y padres, la omnipresencia de la iglesia católica y una mezcla de herencias irlandesa e italiana, para explicar el origen de su vocación artística.
El libro arranca con la voz adulta de un intérprete que ha llenado estadios y se pregunta, junto a sus lectores, de dónde sale realmente ese oficio de subirse a un escenario y sostener la atención de miles de personas. En vez de responder con anécdotas de giras, retrocede hasta una calle concreta de un pueblo costero de Nueva Jersey, donde transcurrió una niñez de aceras agrietadas, juegos infantiles convertidos en batallas épicas y un árbol enorme frente a la casa que hacía de refugio y de amenaza según la noche. Ahí conviven, en un racimo de casas alrededor de una iglesia, dos clanes familiares —uno irlandés, otro italiano— que rara vez se mezclan pero que sostienen, cada uno a su manera, la vida del narrador. La casa de los abuelos ocupa el centro emocional del relato: un lugar de pobreza material, cables de radios recuperadas de la basura, una abuela que vuelca en el nieto el duelo por una hija muerta y le concede una libertad sin límites, y un padre que queda desplazado y va acumulando una rabia silenciosa. Esa sobreprotección, tan reconfortante como dañina, termina modelando el carácter del protagonista y, según él mismo reconoce, tanto lo malogra como lo empuja a buscar toda su vida un lugar propio. Alrededor de esa casa gravita la parroquia católica del barrio, con sus rituales, sus monjas severas, sus curas temidos y venerados, y una educación religiosa que el narrador rechaza conscientemente en la adolescencia pero que reconoce haber interiorizado para siempre, convertida en una fuente de imágenes, culpa y sentido del destino que después reaparecerá transformada en su trabajo. El relato se completa con el retrato de la rama materna, italiana, encabezada por un abuelo carismático y contradictorio —abogado, expresidiario, patriarca teatral— y por tres hermanas de energía inagotable que sobrevivieron a maridos, guerras y estrecheces sin perder el optimismo. De la suma de esas dos herencias, la disciplina católica y el temperamento italoirlandés, el autor extrae una explicación de por qué necesitó, años después, subirse a un escenario y convertir la memoria de aquella infancia en canciones.