Antología de entrevistas a David Bowie editada por Sean Egan, que recorre casi cinco décadas de conversaciones con uno de los músicos más citables del pop.
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Antología de entrevistas a David Bowie editada por Sean Egan, que recorre casi cinco décadas de conversaciones con uno de los músicos más citables del pop. Desde el joven compositor que pedía no hurgar demasiado en sus letras hasta el artista que convirtió el reportaje en un género expresivo propio, el libro reúne piezas aparecidas en publicaciones célebres y en medios menores, y muestra a un entrevistado locuaz, cortés, contradictorio y siempre por delante de su época.
Reunidas y presentadas por Sean Egan, estas entrevistas funcionan como una biografía involuntaria: cada texto congela a David Bowie en un punto de su trayectoria y deja ver cómo, entre una y otra, ya se estaba convirtiendo en otra cosa.
El volumen abre con un retrato de 1969, cuando el éxito inesperado de su canción sobre un astronauta a la deriva coincidió con el alunizaje. Allí aparece un joven que insiste en ser considerado compositor antes que figura, que pide a los críticos no buscar significados ocultos donde solo hay palabras y música, que defiende el cabaret frente al esnobismo del ambiente y que confiesa extrañar una adolescencia normal. Poco después llega la conversación de 1972 que se volvió legendaria: la de la declaración sobre su sexualidad, formulada con una sonrisa de costado y un cálculo preciso del escándalo que provocaría. El periodista que la firma se mantiene escéptico, y el libro conserva ese escepticismo intacto en lugar de suavizarlo. Una tercera pieza, de mediados de ese mismo año, lo encuentra ya instalado en el estrellato, prestando su firma a otros artistas y ensayando en voz alta la teatralidad que definiría la década.
La introducción de Egan traza el mapa completo: los discos que redefinieron la sexualidad y el artificio en escena, el soul de mitad de los setenta, la etapa berlinesa de experimentación extrema, el tramo comercial de los ochenta, el paréntesis de la banda ruidosa, la recuperación de crédito artístico en los noventa, el infarto de 2004 y el silencio de diez años roto por un regreso que nadie anticipaba, esta vez sin conceder entrevistas.
El criterio de selección privilegia lo impreso sobre lo filmado: sin la distracción del acento ni de la mirada, quedan las ideas, las teorías arcanas, la falta de falsa modestia y un desinterés notorio por promocionar el disco del momento. Lo que emerge es el retrato de un hombre que usó a la prensa como material de trabajo, y que casi nunca dio una respuesta previsible.