Biografía divulgativa de Alejandro Magno firmada por el periodista y escritor Charles E. Mercer, precedida de un prólogo de Juan Antonio Cebrián. El libro reconstruye, en un relato continuo y accesible, el itinerario del rey macedonio…
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Biografía divulgativa de Alejandro Magno firmada por el periodista y escritor Charles E. Mercer, precedida de un prólogo de Juan Antonio Cebrián. El libro reconstruye, en un relato continuo y accesible, el itinerario del rey macedonio desde su formación en la corte de Filipo II hasta la desmembración de su imperio: la disciplina heredada del ejército paterno, las lecciones de Aristóteles, la travesía del Helesponto, las grandes batallas contra Darío III y la marcha hacia los límites del mundo conocido. Más que un catálogo de campañas, es un retrato del carácter de un conquistador que fundó ciudades y fusionó culturas mientras alimentaba la convicción de ser un elegido de los dioses.
En apenas once años, un joven llegado de un reino considerado periférico por los griegos llevó a su ejército desde las llanuras de Macedonia hasta las orillas del Indo. Este libro cuenta esa historia sin perder de vista al hombre que la protagonizó.
El relato arranca antes del propio Alejandro, en la figura de Filipo II, el estratega tuerto y cojo que transformó a una población de labriegos y ganaderos en la maquinaria militar más eficaz de su tiempo, y en la de Olimpia, una reina de temperamento ingobernable que crió a su hijo en la certeza de un origen divino. De esa tensión entre el padre pragmático y la madre visionaria emerge un muchacho que a los doce años doma a Bucéfalo observando lo que nadie había observado, que a los trece recibe como preceptor a Aristóteles y que a los dieciocho manda el ala izquierda en Queronea, la batalla que puso Grecia entera a los pies de Macedonia.
A partir de ahí, la narración sigue el desplazamiento hacia oriente. La lanza clavada en la costa asiática como acto de posesión. El desdén inicial de Darío III y su corrección tardía. Gránico, Iso y Gaugamela, tres encuentros en los que la inferioridad numérica macedonia se resuelve mediante disciplina, maniobra envolvente y una lectura casi instantánea del campo de batalla. Entre las grandes acciones militares aparecen los episodios que fijaron la leyenda: los honores rendidos en la tumba de Aquiles, el nudo gordiano cortado de un tajo, los siete meses de asedio a Tiro resueltos con una calzada levantada sobre el mar, la entrada en Egipto como libertador y la consagración en Siwa.
El libro dedica atención particular a lo que el conquistador dejó tras de sí. La fundación de ciudades —decenas de Alejandrías, y una dedicada a su caballo—, la biblioteca destinada a concentrar el saber del mundo antiguo, la torre de Faros, el séquito de naturalistas, topógrafos y cronistas que documentaba cada territorio incorporado. Y la helenización recíproca: un rey que adopta ropajes y deidades locales mientras las ciudades de Asia asimilan legislación, comercio y arquitectura griegas, culminada en bodas multitudinarias concebidas como una operación deliberada de fusión étnica.
Tampoco se omiten las sombras. La ejecución de generales de confianza ante sospechas de conjura, los excesos con la bebida, la crueldad ejercida sobre las ciudades que resistieron, el agotamiento acumulado de una tropa que recorrió más de cuarenta mil kilómetros y que finalmente se plantó ante su jefe para exigir el regreso. El desenlace llega en Babilonia en el 323 a. C., con una enfermedad repentina, un imperio sin heredero designado y una frase ambigua que bastó para desatar el reparto entre Antípatro, Seleuco y Ptolomeo.
Escrito con vocación divulgativa y ritmo de crónica, el volumen se dirige a quien quiera comprender en pocas horas por qué esta figura sigue discutiéndose veintitrés siglos después, y por qué su carácter real —recuperado a través de Plutarco, Arriano, Diodoro, Curcio y Justino— continúa resistiéndose a una respuesta definitiva.