Un recorrido por la Belle Époque europea (1890-1914) que muestra cómo, tras la fachada nostálgica que le dio nombre la generación marcada por la Primera Guerra Mundial, aquellas décadas fueron en realidad un laboratorio de transformaciones…
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Un recorrido por la Belle Époque europea (1890-1914) que muestra cómo, tras la fachada nostálgica que le dio nombre la generación marcada por la Primera Guerra Mundial, aquellas décadas fueron en realidad un laboratorio de transformaciones aceleradas: el ocaso de la política aristocrática, el ascenso de las clases medias y trabajadoras, la irrupción de la prensa de masas y los primeros pasos hacia la igualdad entre hombres y mujeres. Partiendo de la mirada de Stefan Zweig sobre su propia época, el libro reconstruye un mundo en plena mutación cuyas tensiones y contradicciones anticipan muchos rasgos de la sociedad contemporánea.
El libro arranca con una imagen evocadora: Stefan Zweig, paseando por Londres en 1930, se sorprende ante la naturalidad con que conviven chicos y chicas a la salida de la escuela, un gesto cotidiano que a él le resulta revolucionario al compararlo con la rígida separación de sexos de su propia juventud vienesa. Ese contraste sirve de puerta de entrada a un análisis más amplio de la Belle Époque, el periodo comprendido aproximadamente entre 1890 y 1914, presentado no como la edad dorada apacible que idealizaron después las generaciones marcadas por la guerra, sino como una etapa convulsa, atravesada por huelgas, atentados y desigualdades profundas, pero también por avances materiales, científicos y sociales sin precedentes.
A partir de esa premisa, la obra examina cómo la muerte de la reina Victoria en 1901 simbolizó, sin serlo realmente, el final de una era, ya que las verdaderas transformaciones habían comenzado antes y continuarían después. Se detiene en el ocaso de la política aristocrática británica y europea —ejemplificado en el gobierno de lord Salisbury— y en cómo las clases medias y trabajadoras, impulsadas por la expansión de la administración pública, el sufragio y el asociacionismo sindical, fueron desplazando a las viejas élites del poder. Casos concretos, como la trayectoria de David Lloyd George y la batalla parlamentaria por el llamado «presupuesto de la gente», ilustran ese tránsito hacia una política de masas.
Otro eje central es la revolución de la prensa: el abaratamiento de la impresión, el crecimiento de la alfabetización y el auge de periódicos populares convirtieron a los medios en una fuerza capaz de movilizar a la opinión pública y presionar a los gobiernos, como muestra el episodio del periodista William Thomas Stead y su investigación sobre la explotación infantil en los prostíbulos de Londres, que precipitó una reforma legal. A través de estos y otros episodios, el libro traza el retrato de una sociedad en la que conviven el privilegio heredado y la irrupción imparable de nuevos actores sociales, sentando las bases del mundo del siglo XX.
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