Un ensayo divulgativo que reconstruye la mitología sumeria partiendo de su propia historia como disciplina: desde el tardío interés arqueológico del siglo XX hasta la comprensión actual de sus dioses, templos e himnos.
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Un ensayo divulgativo que reconstruye la mitología sumeria partiendo de su propia historia como disciplina: desde el tardío interés arqueológico del siglo XX hasta la comprensión actual de sus dioses, templos e himnos. La obra dedica su segundo bloque a los mitos de la creación —el origen del cosmos, el diluvio de Ziusudra, y las historias de Enki, Ninhursag y Ninmah— mostrando cómo religión y poder político estuvieron siempre entrelazados en Sumer.
Este libro se abre reconociendo una deuda pendiente: la mitología sumeria ha quedado históricamente a la sombra de Grecia, Roma o Egipto, y solo a partir de las excavaciones de principios del siglo XX —y del trabajo pionero de exploradores como Carsten Niebuhr y filólogos como Thureau-Dangin o Arno Poebel— comenzó a reconstruirse con rigor. El primer bloque traza ese recorrido historiográfico y arqueológico, desde los debates sobre una supuesta «raza sumeria» hasta su descarte tras los hallazgos en Mari y Kish, y sitúa después el contexto político-religioso de Sumer a través de sus grandes periodos: Uruk, Jemdet Nasr, las dinastías arcaicas, el imperio acadio de Sargón y Naram-Sin, la dominación guti y el renacimiento neosumerio de Ur III con Ur-Nammu. A lo largo de ese repaso queda clara la idea central que sostiene todo el sistema religioso: el rey gobierna por delegación divina, y su legitimidad —y la de sus cosechas y batallas— depende del favor de los dioses.
La obra dedica también atención al soporte material y humano de esa religiosidad: los templos y zigurats como ejes urbanos y económicos donde se alimentaba a los dioses con ofrendas y se repartía al pueblo la carne de los sacrificios; el complejo escalafón sacerdotal, desde los sumos sacerdotes hasta las sacerdotisas y siervas consagradas; y la enorme producción de himnos —más de tres mil documentados—, compuestos por los escribas de las edubba tanto para glorificar a las divinidades como para legitimar a los reyes.
El segundo bloque se centra en la cosmogonía sumeria propiamente dicha: cómo el océano primordial Nammu y la montaña cósmica dan origen a Enlil y a la separación del cielo y la tierra, y cómo de ahí desciende el resto del panteón. Se detiene especialmente en el relato del diluvio protagonizado por el rey Ziusudra, precedente directo del mito bíblico de Noé, y en tres mitos de creación de intensa carga simbólica: la historia de Enki y Ninhursag en el paraíso de Dilmun, con sus sucesivas fecundaciones, el nacimiento de nuevas divinidades y el castigo que Ninhursag inflige a Enki; el mito de Lahar y Ashnan sobre el origen del ganado y los cereales; y el de Enki y Ninmah, que narra la creación del ser humano a partir de arcilla para servir a los dioses. En conjunto, el libro ofrece tanto una introducción académica al estado de la investigación sobre Sumer como una puerta de entrada narrativa a sus mitos fundacionales.