Breve historia de la utopía recorre, desde la Grecia arcaica y el Génesis hasta los movimientos ciudadanos contemporáneos, las grandes ideas con las que Occidente ha imaginado un mundo mejor.
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Breve historia de la utopía recorre, desde la Grecia arcaica y el Génesis hasta los movimientos ciudadanos contemporáneos, las grandes ideas con las que Occidente ha imaginado un mundo mejor. Escrito en clave divulgativa desde la filosofía, muestra cómo el paraíso perdido y la promesa de regeneración reaparecen, transformados, en cada época de crisis.
Hay una pregunta que atraviesa la historia del pensamiento occidental y que vuelve con especial insistencia cuando la prosperidad se quiebra: ¿es posible construir un mundo mejor, o sólo cabe soñarlo? Breve historia de la utopía parte precisamente de ese momento incómodo —el despertar tras los llamados años de bonanza, el paisaje social y económico de la crisis europea y española— para proponer algo distinto de la queja o el diagnóstico coyuntural: un viaje por las ideas de mundo perfecto que nos precedieron, con la convicción de que reflexionar sobre ellas ayuda a entender lo que hoy se reclama en las calles.
El libro identifica dos matrices que actúan como prototipos y que, con las variaciones propias de cada siglo, no dejan de reinterpretarse. La primera es el Edén: la intuición de que hubo una vez un mundo íntegro, ofrecido sin esfuerzo, que se perdió cuando el ser humano cambió la inocencia por el conocimiento y ganó, a un precio altísimo, la inteligencia y la libertad de construir su propia vida. La segunda es el diluvio: la esperanza de que la corrupción presente pueda ser barrida y de que unos pocos justos refunden, sobre las ruinas, una ciudad sin pecado. En esa segunda figura late, según el autor, buena parte de la energía revolucionaria moderna: la promesa de recuperar en el futuro un paraíso perdido en el pasado mediante la destrucción del mundo actual.
Junto al relato bíblico, el recorrido se detiene en el otro pilar de la civilización occidental. Hesíodo, campesino y pastor de Beocia, ofrece una versión sombría y extraordinariamente lúcida del mismo problema: el trabajo como maldición, el fuego robado por Prometeo, la trampa de Pandora y esa edad de oro que sólo existió antes de la historia. En su mitología de las cinco estirpes, el mundo mejor no está por venir: es un pasado irrecuperable, y el presente de hierro sólo promete fatiga. Frente a ese determinismo pesimista, Platón marca un giro decisivo. Su república de aristoi, inspirada por la solidez espartana y ensombrecida por la condena de Sócrates, ya no añora un tiempo dorado ni depende del capricho de los dioses: es un orden querido por la razón, un proyecto humano que el filósofo intentó llevar tres veces a Siracusa, siempre con fracaso.
Desde ahí, el itinerario continúa hacia la Ciudad de Dios agustiniana, las grandes construcciones renacentistas y barrocas —Moro, Campanella, Bacon, Andreae—, las reducciones jesuíticas, el socialismo utópico de Saint-Simon y Fourier, el positivismo de Comte, y las tensiones entre Marx, Proudhon, Bakunin y Stirner, hasta llegar a las movilizaciones cívicas del presente. En todas esas escalas reaparecen las mismas obsesiones: el reparto de la propiedad, el lugar del trabajo, quién gobierna y con qué legitimidad, y hasta dónde puede llegar la razón cuando pretende diseñar la felicidad de todos.
El resultado es un ensayo accesible que no idealiza ni ridiculiza la utopía: la observa como un rasgo constitutivo de la razón europea y como una herramienta de dos filos, capaz tanto de movilizar la mejora colectiva como de justificar la exclusión de los que sobran. Su conclusión es deliberadamente sobria: que el tiempo venidero sea otra pesadilla o un mundo más habitable depende de azares incontrolables, pero también de lo que cada generación decida hacer con su capacidad de acción razonable. Un libro dedicado, explícitamente, a quienes han visto defraudado su esfuerzo y siguen intentando regenerar su propio mundo.