Un recorrido histórico y literario por la figura del rey Arturo, que despoja al mito de armaduras medievales para rastrear al posible caudillo britano-romano del siglo VI que lo inspiró, y explica cómo crónicas, poemas y romances de Gales,…
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Un recorrido histórico y literario por la figura del rey Arturo, que despoja al mito de armaduras medievales para rastrear al posible caudillo britano-romano del siglo VI que lo inspiró, y explica cómo crónicas, poemas y romances de Gales, Francia e Inglaterra fueron construyendo, siglo a siglo, la leyenda de Camelot y la Mesa Redonda.
Esta obra invita a separar al Arturo histórico del héroe legendario que ha fascinado a Occidente durante catorce siglos. Partiendo de la Britania post-romana, sumida en la resistencia contra las invasiones sajonas, el texto reconstruye las escasísimas huellas documentales de un caudillo real —quizá un jefe angloromano apodado ‘el Oso’— y sigue el rastro de su nombre a través del poema galés Gododdin, la Historia Brittonum de Nennius y las tradiciones orales que poblaron Gales, Cornualles, Escocia y Northumberland de topónimos, tumbas huecas y leyendas de un rey dormido que un día despertará. El relato se detiene en el momento decisivo en que Geoffrey de Monmouth, en el siglo XII, transformó estos fragmentos en una épica cortesana con su Historia Regum Britanniae, sentando las bases —corte esplendorosa, hazañas continentales, ideales caballerescos— que después ampliarían Wace, con la introducción de la Mesa Redonda, y Chrétien de Troyes, con el código del amor cortés y nuevos personajes como Lancelot o Perceval. También se examina cómo Layamon, al traducir la leyenda al inglés, la convirtió en una epopeya nacional más ruda y terrenal, y cómo, ya en Italia, Sicilia o Alemania, la fama de Arturo rivalizó con la de Carlomagno y se plasmó en mosaicos, relieves catedralicios y festividades nobiliarias conocidas como ‘Mesas Redondas’, que llegaron a inspirar a Eduardo III la fundación de la Orden de la Liga. El libro cierra este itinerario con Thomas Malory, quien en La muerte de Arturo, escrita presuntamente en prisión y publicada por Caxton en 1485, fijó de forma definitiva el romance entre Ginebra y Lancelot y la melancólica caída de Camelot. El resultado es un ensayo que combina rigor documental y pasión narrativa para mostrar cómo un personaje casi desconocido en su tiempo se convirtió en el arquetipo del héroe capaz de encarnar, generación tras generación, el anhelo de honor, identidad y trascendencia.