Breviario de historia de España propone un recorrido continuo por el pasado peninsular, desde los yacimientos de Atapuerca y los bisontes de Altamira hasta la sociedad digital contemporánea.
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Breviario de historia de España propone un recorrido continuo por el pasado peninsular, desde los yacimientos de Atapuerca y los bisontes de Altamira hasta la sociedad digital contemporánea. Organizado en catorce capítulos, el libro combina el rigor de la investigación con una escritura ágil y narrativa, pensada tanto para quien estudia como para quien lee por placer. Sus autoras, docentes de vocación, insisten en comprender antes que memorizar: explican causas y consecuencias, contrastan interpretaciones historiográficas y devuelven protagonismo tanto a los nombres célebres como a quienes quedaron fuera del relato oficial.
Hay dos maneras de acercarse a la historia de un país: aprenderla como una lista de fechas o entenderla como un relato con causas, tensiones y consecuencias. Breviario de historia de España se decanta sin ambages por la segunda. El libro arranca con una declaración de método —el oficio del historiador entendido como una mezcla de investigación detectivesca y crónica— y desde ahí despliega catorce capítulos que van del origen de la especie humana a la España del siglo XXI.
El punto de partida es deliberadamente remoto. Antes de que exista siquiera la idea de España, el volumen se detiene en la hominización: el debate entre creacionismo y evolucionismo, de Lamarck y Darwin a las tesis difusionistas y poligenistas; la genealogía que va de los australopitecos al Homo sapiens; y, en primer plano, la sierra de Atapuerca, con la historia de sus campañas de excavación, el hallazgo del Antecessor y piezas como el cráneo apodado Miguelón. De ahí el texto avanza por el Paleolítico y sus culturas líticas, por el arte rupestre de la cornisa cantábrica —Altamira, El Castillo, Tito Bustillo— y por el proceso de neolitización, con la agricultura, la ganadería, la cerámica y el sedentarismo como bisagras de un cambio que las autoras prefieren describir como gradual antes que revolucionario.
Entre el prólogo y ese primer capítulo se intercala una reflexión de fondo: ¿desde cuándo puede hablarse de España? El libro rastrea los nombres que el territorio recibió de fenicios, griegos y romanos, sigue el hilo de la Hispania romana, los reinos medievales, la monarquía hispánica y los Decretos de Nueva Planta, y llega hasta la Constitución de 1978 y los debates territoriales recientes. Es un capítulo de intenciones declaradas, donde las autoras exponen su mirada sobre la identidad nacional, las «dos Españas» heredadas del siglo XVIII y esa tercera, mayoritaria y poco narrada, de quienes solo aspiraban a pan y paz.
El reparto que anuncian las páginas iniciales es amplio y deliberadamente coral: Argantonio y sus tratos con los griegos, Viriato y las emboscadas contra Roma, Teodosio en el ocaso imperial, los visigodos ante el 711, el Cid negociando con las taifas, Boabdil e Isabel frente a Granada; después Las Casas denunciando la explotación de los indios, Cortés en Tenochtitlan, Cervantes y Lope, Carlos II y Carlos III, el Empecinado y la ingratitud de Fernando VII, los liberales, el ejército en Cuba, los carlistas, y los niños de aquel Madrid de 1936. Junto a ellos, quienes rara vez tienen retrato: los vencidos, el pueblo llano, la maestra condenada por bruja, el maestro depurado.
El resultado es un manual que no renuncia al estilo. Las autoras admiten los límites del oficio —la objetividad plena es inalcanzable, las fuentes se pierden y se seleccionan— y hacen de esa honestidad parte del método. Escrito con vocación divulgativa y utilidad escolar, el Breviario aspira a que el lector, años después, sea capaz de explicar los hechos con naturalidad en una conversación cualquiera, y a que ese conocimiento preceda al aprecio: conocer para amar, de Altamira a la sociedad digital.
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