Un corredor que ya ha cruzado el umbral de los sesenta años entrelaza el trote por montes y bosques con el dibujo, construyendo un breviario de fragmentos donde el cuerpo que envejece, el paisaje y la memoria se convierten en una misma…
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Un corredor que ya ha cruzado el umbral de los sesenta años entrelaza el trote por montes y bosques con el dibujo, construyendo un breviario de fragmentos donde el cuerpo que envejece, el paisaje y la memoria se convierten en una misma forma de estar despierto en el mundo.
Este libro reúne las reflexiones de un narrador que desde la infancia ha hecho de correr y dibujar sus dos gestos esenciales, y que ahora, pasados los sesenta, revisa esa doble vocación desde la lentitud y la experiencia. No es un manual ni una guía técnica: el autor lo advierte desde el principio, alejándose de cualquier protocolo de entrenamiento, dieta o equipamiento. Lo que propone es otra cosa, un conjunto de fragmentos breves, aforismos y semblanzas que avanzan sin itinerario fijo, igual que sus propias carreras por senderos de montaña.
Entre esas páginas conviven la memoria de una infancia marcada por mudanzas y veranos entre costas y montañas, el recuerdo de un entrenador de la adolescencia, y el retrato de figuras admiradas: un ultrafondista italiano que corre por venganza hasta rozar los setenta años, un vecino de las masías del Montseny que reparte su tiempo entre la carrera, la bicicleta y el frontón, un dibujante decimonónico capturado entre la vida burguesa y sus pulsiones, un dramaturgo que dibuja en noches de insomnio hasta con su propia sangre. A ellos se suman voces prestadas —biólogos, antropólogos, escritores, artistas de la performance— que el narrador convoca para pensar por qué el ser humano corre, por qué dibuja, y qué relación guardan ambos gestos con la tierra, el tiempo geológico y la propia finitud.
El resultado es un breviario sobre la vejez activa, la libertad entendida como despojamiento y la mirada lenta como forma de conocimiento: correr sin meta, dibujar sin técnica, envejecer sin resignarse a la quietud. Un libro que propone el monte y el papel en blanco como los dos únicos territorios donde, dice el narrador, todavía es posible ser completamente uno mismo.
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