Nadia, una editora con fama de hundir escritores, recibe una última oportunidad: preparar la llegada del célebre Alberto Carrizal mientras una tormenta, un jefe implacable y un vecino encantador —Julio— trastocan su rutina.
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Nadia, una editora con fama de hundir escritores, recibe una última oportunidad: preparar la llegada del célebre Alberto Carrizal mientras una tormenta, un jefe implacable y un vecino encantador —Julio— trastocan su rutina. Entre torpezas, papeles esparcidos por doce pisos y un reencuentro inesperado con Melinda, una chica a la que dañó en el pasado, Nadia empieza a reescribir su historia, observada de cerca por una voz narradora traviesa que parece disfrutar moviendo los hilos del destino.
«Brisas de junio», de Mariangel Blanco, es una comedia romántica narrada por una voz juguetona y omnisciente que se declara responsable de buena parte de las desdichas de sus personajes. Todo arranca una noche de tormenta en la que Nadia, editora marcada por una racha de fracasos profesionales que le valió el apodo de ‘la mata escritores’, pierde el control de un montón de manuscritos en la escalera de su edificio y termina, literalmente, a los pies de su vecino Julio, un editor tan atractivo como misterioso del que lleva dos años enamorada en silencio. Esa caída resulta ser el inicio de algo más: Julio conoce bien la obra del escritor Alberto Carrizal, el autor estrella que su jefe se niega a confiarle, y se ofrece a ayudarla justo cuando ella más lo necesita. Mientras Nadia intenta demostrar que merece una segunda oportunidad en la editorial, la novela abre un segundo hilo con Salvatore, primo de Julio y flamante editor en jefe, un seductor empedernido que la misma noche conoce a Melinda, una fotógrafa pelirroja recién llegada a la ciudad. El relato salta entonces atrás en el tiempo, hasta un pueblo costero de Francia catorce años antes, donde un joven Julio soñaba con escribir la gran historia de amor de su vida y encontró, sin saberlo, la primera chispa de inspiración en una desconocida de cabello rizado. De vuelta al presente, un encuentro casual en un parque reúne a Nadia y Melinda, y saca a la luz una vieja herida: en el colegio, Nadia formó parte del grupo que humilló y maltrató a Melinda sin piedad. La confrontación, cargada de vergüenza y una disculpa largamente postergada, se convierte en un pequeño acto de redención que empieza a transformar la manera en que Nadia se ve a sí misma. Entre subidas de escaleras interrumpidas, ascensores averiados, cafés pendientes y confesiones a medias, la novela va tejiendo cuatro destinos —Nadia, Julio, Salvatore y Melinda— que parecen cruzarse por casualidad, aunque la narradora deja claro, con humor y cierta crueldad afectuosa, que nada de lo que ocurre es del todo accidental. Con un tono ligero y autoconsciente, «Brisas de junio» combina el romance de oficina, la comedia de enredos y una reflexión suave sobre el perdón, el error y las segundas oportunidades, mientras deja entrever que el verdadero motor de la historia es una fuerza narrativa que se divierte tanto como sus lectores viendo tropezar —y enamorarse— a sus personajes.
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