Alex Marché, fotógrafa de espectáculos con más de tres décadas de carrera en Los Ángeles, tiene una norma inquebrantable: nunca salir con un actor.
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Alex Marché, fotógrafa de espectáculos con más de tres décadas de carrera en Los Ángeles, tiene una norma inquebrantable: nunca salir con un actor. Esa norma empieza a tambalearse cuando conoce a Marco Flores, un modelo convertido en la nueva estrella de Hollywood, durante una sesión con una actriz tan talentosa como insoportable.
Alex Marché ha pasado treinta y siete años detrás de la cámara, retratando a lo mejor y lo peor de la industria del entretenimiento en Los Ángeles. Sabe lidiar con divas, con egos desmedidos y con jornadas interminables, y ha aprendido a base de experiencia una regla que nunca rompe: jamás involucrarse sentimentalmente con un actor. Vive rodeada de animales rescatados, prefiere la sencillez a los lujos de la fama y guarda las distancias emocionales con el mundo que fotografía a diario.
Esa regla se pone a prueba cuando le asignan una sesión con Kimberly Cook, una actriz tan celebrada como difícil, y su compañero de reparto: Marco Flores, un joven guía turístico de las Islas Galápagos descubierto por un director de cine y convertido, casi de la noche a la mañana, en modelo y en el nuevo rostro masculino de Hollywood. Lo que Alex espera sea otra jornada agotadora con talento problemático se transforma en algo distinto en cuanto Marco aparece: encantador, directo y sin el séquito habitual de asistentes, se dirige a ella con un interés que no parece fingido.
La química entre ambos durante la sesión no pasa inadvertida. Cuando una revista de prestigio propone a Marco protagonizar un perfil de portada, él pone una condición: que sea Alex quien lo fotografíe, incluso si eso significa viajar hasta su tierra natal en las Galápagos, algo que remueve un miedo profundo y personal para ella. Entre la insistencia amable de Marco y las dudas de Alex, la historia explora qué pasa cuando la persona que se dedica a mostrar la mejor imagen de los demás debe decidir si permite que alguien la vea a ella tal como es, y si las reglas que ha construido durante toda una carrera están hechas para protegerla o simplemente para mantenerla a salvo de sentir algo real.