Reunión de la ficción breve de William Gibson, este volumen recoge las piezas donde se forjó su imaginario: un futuro cercano hecho de cibernética, biotecnología y redes de comunicación, visto desde abajo, entre traficantes, mercenarios y…
Descargar
Reunión de la ficción breve de William Gibson, este volumen recoge las piezas donde se forjó su imaginario: un futuro cercano hecho de cibernética, biotecnología y redes de comunicación, visto desde abajo, entre traficantes, mercenarios y desechos humanos. Con un prefacio de Bruce Sterling y una introducción del propio autor, el libro documenta la aparición de una voz que sacudió la ciencia ficción de los años ochenta y acuñó, casi de paso, la palabra ciberespacio.
Antes que las novelas, estuvieron los relatos. Este volumen reúne la ficción breve con la que William Gibson aprendió a escribir el futuro, precedida por dos textos que la enmarcan. En el prefacio, Bruce Sterling describe a los autores de ciencia ficción como bufones de corte —influencia sin responsabilidad— y sitúa a Gibson como el síntoma de un cambio: frente a los apocalipsis cómodos y las óperas espaciales que esquivan el porvenir real, aquí hay un futuro extrapolado del presente, global, saturado de tecnología y visto desde la calle. En su propia introducción, Gibson reflexiona sobre la pátina que adquiere todo futuro imaginado y reconstruye el origen de cada pieza: un trabajo final de curso convertido en cuento, una reseña rechazada por ‘salirse del tema’, la reescritura no solicitada de un manuscrito ajeno que terminó firmada a dos manos, una visión hipnagógica de biplanos en miniatura volando sobre una mesa de billar. Sus maestros no son los profetas seguros de sí mismos, sino los que desconfiaban del mapa.
El corazón narrativo lo ocupa la serie del Sprawl. En ‘Johnny Mnemonic’, un correo humano almacena en su cabeza cientos de megabytes que no puede leer ni recordar: solo el cliente conoce la frase que los libera. Cuando uno de esos clientes desaparece y el material resulta ser propiedad de la Yakuza, una deuda pendiente se transforma en sentencia. La cita en un bar de mala muerte se tuerce; entra en escena una mercenaria de lentes espejados injertados en el rostro y cuchillas ocultas bajo las uñas; y afuera aguarda un asesino de aspecto inofensivo cuya arma es un hilo monomolecular. La fuga lleva al protagonista hasta un delfín cibernético enganchado a la heroína, veterano de una guerra que ya nadie recuerda, y hasta las alturas de Ciudad Noche, donde una tribu de chicos que se hacen llamar Lo Tek vive colgada de las cúpulas geodésicas.
Lo que sostiene estas páginas no es el aparato tecnológico sino la mirada: personajes precarios, oficios inventados, una economía de la información donde el cuerpo es hardware alquilable. Aquí nace el vocabulario que definiría toda una estética.