En la pequeña ciudad costera de Macarsca, dos niños —Luka, callado y aficionado a la pintura, y Dora, vivaz e impetuosa— forjan desde la infancia un vínculo que parece trascender la amistad.
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En la pequeña ciudad costera de Macarsca, dos niños —Luka, callado y aficionado a la pintura, y Dora, vivaz e impetuosa— forjan desde la infancia un vínculo que parece trascender la amistad. "Cada día, cada hora" sigue el crecimiento paralelo de ambos, marcado por juegos compartidos, complicidades secretas y la sombra de una separación inminente que amenaza con romper un lazo que ninguno de los dos sabe nombrar del todo.
Nataša Dragnić construye una historia de amor que nace casi antes de que sus protagonistas puedan comprenderla. Luka llega al mundo en 1959 en Macarsca, una localidad tranquila de la costa croata, como un niño observador y sensible que encuentra en el dibujo y en el mar de su padre pescador su primer lenguaje. Tres años más tarde nace Dora, una niña de energía desbordante, memoria portentosa y una seguridad que desconcierta a los adultos que la rodean. El azar los reúne en el parvulario del pueblo: un desvanecimiento de Luka y un gesto impulsivo de Dora sellan, sin que ellos lo sepan, el inicio de una relación que la comunidad entera observará crecer con una mezcla de ternura y extrañeza. A partir de ahí, la novela avanza por estampas de su infancia y primera adolescencia en Macarsca —los veranos junto al mar, la roca escondida que consideran su refugio secreto, los rituales compartidos de helados, nubes y pequeñas rivalidades— mientras ambos personajes maduran a ritmos distintos: él, introvertido y cada vez más volcado en el waterpolo y la pintura; ella, teatral, curiosa e insaciable, fascinada por el cine y por la posibilidad de reinventarse frente al espejo. Sobre ese paisaje luminoso de infancia mediterránea se cierne, sin embargo, la conciencia constante del tiempo que se agota: la llegada de septiembre, el final del verano y la posibilidad de la separación planean sobre cada escena, tiñendo la ternura de los protagonistas de una urgencia casi adulta. Con una prosa que combina la mirada ingenua de la niñez con una estructura que anticipa el paso de los años, la obra explora cómo un afecto nacido en la más temprana infancia puede convertirse en el eje silencioso de toda una vida, y cómo los lazos que se forjan antes de tener nombre para ellos son, a menudo, los más difíciles de deshacer.