En Cartago, la muerte del industrial Warren Hyde en un accidente aéreo deja una herencia millonaria a su empleado Tom Perry y al historiador John Andrews, dejando fuera a su propio sobrino.
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En Cartago, la muerte del industrial Warren Hyde en un accidente aéreo deja una herencia millonaria a su empleado Tom Perry y al historiador John Andrews, dejando fuera a su propio sobrino. Cuando Perry aparece estrangulado y colgado de un árbol en Green Park, y un hombre que dice ser el propio Hyde resurge para morir poco después en un hotel cercano, el detective Les Ivey deberá desenredar una madeja de herederos, coartadas cruzadas y suplantaciones antes de que la lista de víctimas siga creciendo.
Tom Perry es un empleado gris y de costumbres modestas en la fábrica Seton & Hyde, alguien a quien nadie prestaría segunda mirada hasta que un testamento lo convierte en el centro de todas las miradas: Warren Hyde, dueño de la empresa, desaparece en un vuelo procedente de Londres y, en lugar de beneficiar a su sobrino Peter, reparte su fortuna entre Perry y un viejo amigo suyo, el historiador John Andrews. La noticia todavía no ha terminado de asentarse en el pueblo cuando Perry es hallado muerto al caer la tarde en Green Park, estrangulado y con el cuerpo izado a las ramas de un árbol, en una puesta en escena tan cruel como deliberada. Antes de esa muerte, sin embargo, ya había una fisura extraña en la historia: la noche anterior alguien lo atacó en ese mismo parque sin robarle nada, un episodio que el detective local Les Ivey, hombre de pocas prisas y buen humor, empieza a investigar casi por curiosidad periodística antes de que se convierta en su caso central.
La trama se enreda todavía más cuando Laura Crewson, una llamativa rubia que se presentaba como novia de Perry, reclama parte de la herencia alegando una futura boda que nadie más puede confirmar. Y entonces llega el giro que descoloca a todos: Andrews recibe un mensaje del propio Warren Hyde, quien asegura haber sobrevivido al accidente aéreo pero pide mantener su regreso en secreto, citándolo en un hotel próximo al parque donde ya ha corrido sangre. Al día siguiente, es Hyde quien aparece muerto en esa habitación —alquilada, para más inquietud, por su propio sobrino Peter—, y cuando Ivey acude a la morgue a examinar el cuerpo se encuentra con una revelación que reordena por completo sus sospechas.
Las coartadas de esa noche se cruzan de forma incómoda: Peter Hyde fue visto en un club selecto en compañía de una amiga, mientras que Barton, hermano de Tom Perry, frecuentaba otro local nocturno junto a la misma Laura Crewson que reclamaba la herencia. Ninguno de los dos parece, a primera vista, fuera de sospecha, y ninguno tampoco resulta simple de descartar. Con su estilo desenfadado y su instinto tozudo, Les Ivey deberá tirar de cada hilo —identidades dudosas, fortunas repentinas y afectos poco sinceros— hasta dar con una solución tan inesperada como audaz.