Cal viva es el relato en primera persona de José Amedo, exsubcomisario de policía condenado por su participación en los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), quien tres décadas después rompe su silencio para desvelar el entramado de…
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Cal viva es el relato en primera persona de José Amedo, exsubcomisario de policía condenado por su participación en los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), quien tres décadas después rompe su silencio para desvelar el entramado de complicidades políticas, policiales y mercenarias que sostuvo la llamada guerra sucia contra ETA entre 1983 y 1987. Con el prólogo del periodista Antonio Rubio como marco, el libro reconstruye episodios aún sin resolver —como los asesinatos de Santiago Brouard y Juan Carlos García Goena— y pone nombre a colaboradores, mandos y financiadores que permanecían en el anonimato.
Treinta años después de que los GAL comenzaran a actuar, y dieciséis después de que Manuel Vázquez Montalbán prologara una primera investigación sobre el origen del grupo parapolicial, José Amedo —quien fuera responsable operativo del llamado ‘GAL Azul’ vinculado a la Policía— decide contar su versión de los hechos. Condenado a más de cien años de prisión por su papel en la trama, Amedo utiliza estas páginas para reclamar que se complete lo que la justicia y el periodismo dejaron a medias: identificar a los autores materiales e intelectuales de crímenes que siguen abiertos, entre ellos el del pediatra y dirigente de Herri Batasuna Santiago Brouard y el del ciudadano Juan Carlos García Goena, ajeno a ETA y asesinado por negarse a hacer el servicio militar.
El relato, prologado por el periodista Antonio Rubio —que siguió de cerca la trayectoria de Amedo durante más de dos décadas, incluidas visitas a prisión—, sitúa al lector en el engranaje de los tres GAL (el policial, el de la Guardia Civil vinculado al cuartel de Intxaurrondo y el ligado al CESID) y en el reparto de responsabilidades entre mandos, políticos y mercenarios contratados en Francia y Portugal. Amedo aporta detalles inéditos sobre la colaboración de agentes de policía franceses con el Ministerio del Interior español, sobre el papel de fotógrafos y confidentes en la identificación de víctimas, y sobre las mujeres —entre ellas una mercenaria de origen asiático residente en Andorra— que participaron en los comandos operativos. También reconstruye la relación entre uno de esos policías franceses y la etarra Idoia López Riaño, y el ambiente de amenazas, promesas incumplidas y presión institucional que rodeó a quienes, como él, ejecutaron órdenes desde dentro del aparato del Estado.
El primer capítulo retrocede hasta el 23 de febrero de 1984, cuando el asesinato a manos de los Comandos Autónomos Anticapitalistas del senador socialista Enrique Casas, en plena campaña de las elecciones vascas, desencadena una escalada de violencia y represalias que incluye los primeros atentados reivindicados por los GAL contra miembros de ETA en el sur de Francia. A través de diálogos y escenas vividas desde dentro de los despachos del PSE y del Ministerio del Interior, el libro muestra cómo la indignación política y la lógica de la venganza de Estado se entrelazaron con la actividad clandestina que el propio autor ayudó a ejecutar.
Más que una crónica retrospectiva, Cal viva se presenta como un ajuste de cuentas con la memoria: el testimonio de quien estuvo en el centro de una de las operaciones de guerra sucia más determinantes de la democracia española reciente, y que ahora reclama que las responsabilidades pendientes —policiales, políticas y judiciales— salgan finalmente a la luz.