En un pueblo del norte de España azotado por la lluvia y el mar, un narrador reconstruye la historia de su hermana Mariuca, una joven con discapacidad marcada por el silencio y la desconfianza del entorno, y la de su familia, atravesada…
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En un pueblo del norte de España azotado por la lluvia y el mar, un narrador reconstruye la historia de su hermana Mariuca, una joven con discapacidad marcada por el silencio y la desconfianza del entorno, y la de su familia, atravesada por secretos, violencia doméstica y las cicatrices de la guerra.
La novela se despliega en un caserío costero del norte de España, donde la lluvia cae sin ruido y el mar domina cada aspecto de la vida cotidiana. El narrador, un joven de la casa, relata desde una oralidad cargada de habla regional la historia de Mariuca, su hermana, una mujer con discapacidad a la que la familia y el pueblo han rodeado de mitos, burlas y una compasión resignada: se dice que nació de un mejillón arrastrado por el mar, que aprendió a andar tarde y mal, que guarda los puños siempre cerrados desde que se hirió de niña contra las rocas. A través de sus salidas furtivas a buscar percebes y mejillones en las mareas vivas, y de las palabras extrañas y poéticas que pronuncia de tanto en tanto, Mariuca se convierte en el centro silencioso de un relato que en realidad abarca varias generaciones. El narrador entrelaza el presente ―la madre que sale a buscar a Mariuca bajo la lluvia, las visitas de la vecina Nanda La Chona― con el pasado de la familia: la abuela que enloqueció desgranando alubias frente a la ventana y que, según cuentan, veía dientes brotar de las vainas, un recuerdo velado de los fusilados de la Guerra Civil arrojados al mar desde el acantilado; el abuelo, apodado ‘matamuertos’ por las habladurías del pueblo; y el tío Terio, exiliado a las montañas por amar a otro hombre, cuya amistad con un vecino que esperaba el regreso de un amor perdido en el mar se convierte en una de las historias más entrañables del libro. Poemas breves en forma de ‘cuchicheos de mejillón’ puntúan la narración, dando voz al propio mar y a los cuerpos que guarda. Con un lenguaje que mezcla dialecto, crudeza y lirismo, la obra compone un retrato coral de una comunidad marcada por la pobreza, el silencio impuesto, la violencia machista y la memoria no resuelta de la guerra, todo ello narrado desde la mirada de quien aprendió a querer, pese a todo, a los suyos y a un mar que nunca deja de amenazar.