Una novela narrada en primera persona por una mujer que, desde la cárcel, dicta a alguien la historia de cómo llegó hasta allí: su trabajo como empleada doméstica en un exclusivo country, su relación con un matrimonio adinerado y el…
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Una novela narrada en primera persona por una mujer que, desde la cárcel, dicta a alguien la historia de cómo llegó hasta allí: su trabajo como empleada doméstica en un exclusivo country, su relación con un matrimonio adinerado y el entramado de deseo, poder y traición que terminó por hundirla.
La protagonista habla como si dictara el guion de una película: pide que se anote todo, que se ordene después, porque su memoria mezcla lo vivido con lo soñado y no siempre logra distinguirlos. Desde una celda, reconstruye el origen de su condena para un interlocutor que transcribe su relato. Todo comienza cuando consigue empleo en la casa de un matrimonio sin hijos dentro de un barrio cerrado donde ella ya trabajaba para otra familia. La convivencia con la pareja —él, un empresario hecho a sí mismo; ella, una mujer que consulta el tarot en secreto— se vuelve progresivamente más íntima e inestable, hasta derivar en una relación clandestina con el marido que la protagonista interpreta a través de sueños premonitorios, canciones y películas que le sirven de espejo para entender lo que le pasa. Alrededor de esa historia central se despliega el mundo del country: sus jerarquías invisibles entre quienes tienen dinero y quienes los sirven, los rumores que circula la vecina que la empleó primero, y el contraste entre la vida que la narradora dejó atrás —una infancia marcada por la muerte de su madre, la ausencia del padre y el acoso de un tío— y el universo de lujo, fiestas y secretos en el que se ve absorbida. La narradora intercala digresiones sobre el amor, el dinero, la familia y la culpa, construyendo un relato oral cargado de humor involuntario, ternura y una lucidez que se abre paso entre la ingenuidad aparente de su voz. El resultado es el testimonio de alguien que insiste en su inocencia mientras admite, casi sin querer, su propia responsabilidad en la tragedia que la llevó a prisión, dejando al lector la tarea de armar el rompecabezas de quién hizo qué a quién.