En plena tormenta de nieve que ha paralizado el país, un fotógrafo emprende un largo viaje en coche y ferry para rescatar a su hijo, enfermo y varado en su universidad, justo antes de Navidad.
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En plena tormenta de nieve que ha paralizado el país, un fotógrafo emprende un largo viaje en coche y ferry para rescatar a su hijo, enfermo y varado en su universidad, justo antes de Navidad. El trayecto se convierte en una travesía interior donde el paisaje helado, los recuerdos familiares y la presencia fantasmal de una ausencia no resuelta se entrelazan con la urgencia de traer de vuelta a casa a quien más importa.
Una nevada sin precedentes ha detenido al país entero: los aeropuertos cierran, las carreteras desaparecen bajo capas de hielo y el mundo cotidiano se vuelve irreconocible. En medio de ese paisaje blanco y silencioso, un padre que se gana la vida como fotógrafo de bodas y retratos familiares decide que no puede dejar a su hijo mayor solo y enfermo en la ciudad universitaria donde estudia, a cientos de kilómetros de distancia. Con el respaldo de su esposa, que prepara víveres, medicinas y un kit de emergencia como quien arma una expedición, el protagonista sale de madrugada hacia un ferry que lo llevará más cerca de su destino, sabiendo que el regreso a casa para Navidad depende por completo de que logre completar el viaje a tiempo.
Lo que comienza como una odisea práctica —despejar la nieve del coche, negociar carreteras heladas, calcular horarios de barco— se transforma pronto en un recorrido tan interior como geográfico. Mientras conduce, el narrador repasa escenas de la vida familiar: las mañanas de Navidad con sus hijos pequeños, los conciertos compartidos con su hijo, las preguntas imposibles de la infancia, la música que ha ido tejiendo los vínculos entre padres e hijos. Al mismo tiempo, imágenes fugaces de una figura llamada Daniel se cuelan entre los pasajeros del ferry y los reflejos del paisaje, sugiriendo una pérdida que el protagonista no logra —ni quizá quiere— dejar atrás del todo.
A través de encuentros breves con desconocidos, del oficio de mirar el mundo a través de una cámara y de la tensión constante entre el deber paterno y el miedo a no llegar a tiempo, la historia construye un retrato íntimo de la paternidad, el duelo y la fragilidad de lo que damos por seguro. El territorio congelado que el protagonista atraviesa —a ratos literal, a ratos onírico— se convierte en metáfora de un duelo no resuelto y de la fe obstinada en que, pese a todo, siempre vale la pena volver a buscar a los que amamos.
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