Canción de mayo entrelaza dos tiempos y dos orillas: la Granada de 1936, donde un alfarero cojo, su sobrina Lolita y un niño ciego apodado el Soplillos afrontan el estallido de la Guerra Civil y la despedida de un exilio hacia México, y el…
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Canción de mayo entrelaza dos tiempos y dos orillas: la Granada de 1936, donde un alfarero cojo, su sobrina Lolita y un niño ciego apodado el Soplillos afrontan el estallido de la Guerra Civil y la despedida de un exilio hacia México, y el Londres contemporáneo de un joven arquitecto que reconstruye, a través de cartas y recuerdos de infancia en Monterrey, el hilo invisible que une a las familias separadas por la historia. Con prosa cálida y musical, la novela convierte el oficio de la cerámica, el cotilleo de un lavadero y la nostalgia de una niñera mexicana en símbolos de una misma pregunta: qué se hereda por la sangre y qué se hereda por el querer.
La acción arranca en un barrio popular de Granada, en el taller de alfarería del tío Juan, un hombre marcado por una cojera de nacimiento y por una vida dedicada al barro, los libros y el sindicato. A su lado crecen dos huérfanos: Lolita, su sobrina, dotada de un talento innato para pintar cerámica, y Fermín, apodado el Soplillos, un niño ciego de oído prodigioso que conoce todos los secretos del vecindario. Cuando estalla el Alzamiento de 1936 y el nombre de Juan aparece en las listas negras por su militancia republicana, la familia se ve obligada a preparar una huida hacia México, mientras Encarnita —la modistilla que ha amado a Juan desde la infancia y cuyo marido ha sido represaliado la misma noche del golpe— acepta quedarse al cuidado de la casa, el taller y el niño ciego, sellando una despedida cargada de promesas que el tiempo y la distancia pondrán a prueba. La narración salta después a un Londres actual, donde un joven arquitecto —hijo de un médico y de una traductora británica, criado durante su infancia en Monterrey bajo el cariño de su niñera doña Lola— repasa por carta su propia historia: una adolescencia difícil marcada por el desarraigo, una brutal agresión callejera que lo obligó a madurar lejos de casa, y el reencuentro con la felicidad gracias al oficio de restaurar edificios antiguos y al amor de una mujer española que lo ha «secuestrado» rumbo a un nuevo matrimonio. Entre el patio con higuera de la Granada de la guerra y las buhardillas del Londres contemporáneo, la novela va tejiendo, capítulo a capítulo, los ecos de una misma familia dispersada por el exilio, explorando el peso de las ausencias, la fidelidad de los afectos improvisados y la manera en que un beso, una carta o una canción pueden atravesar generaciones y océanos sin perder su calor.