Antología poética que recoge la traducción castellana, obra de Jorge de Montemayor, de los 'Cants d'Amor' del poeta valenciano Ausiàs March, precedida de cartas dedicatorias y sonetos laudatorios que sitúan al lector ante el propósito y el…
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Antología poética que recoge la traducción castellana, obra de Jorge de Montemayor, de los 'Cants d'Amor' del poeta valenciano Ausiàs March, precedida de cartas dedicatorias y sonetos laudatorios que sitúan al lector ante el propósito y el mérito de la empresa.
El volumen reúne una serie de veintiún cantos de tema amoroso atribuidos a Ausiàs March, vertidos del lemosín al castellano por Jorge de Montemayor. La obra se abre con una epístola dedicatoria a un noble valenciano en la que el traductor expone las dificultades de trasladar un estilo que considera inigualable, y con una nota ‘Al lector’ donde explica sus criterios: haber cotejado varios manuscritos, haber preferido la versión avalada por un erudito local y haber suprimido algunas estrofas de tono demasiado libre para el gusto de su época. A continuación se insertan varios sonetos de autores contemporáneos —entre ellos un elogio comparativo con la leyenda pictórica de Zeuxis y Parrasio, y una reflexión sobre el ingenio poético a la luz de Horacio— que ensalzan tanto al poeta original como a su traductor, seguidos de un soneto del propio Montemayor dedicado a March. El cuerpo central lo forman los cantos: composiciones en octavas que desarrollan, desde la primera persona de un amante, una meditación sostenida sobre la naturaleza contradictoria del amor. Se suceden imágenes de hambre y saciedad, de tormenta marina, de enfermedad y médico, de reyes y batallas, de niños que caminan sin ver el camino, para explorar la tensión entre el deseo del cuerpo y el deseo del alma, entre el amor bajo y sensual y el amor casto y honesto. El yo poético se debate entre la tibieza y el extremo, entre el silencio por temor y la necesidad de confesar su pena, y dedica varios cantos a razonar por qué el amor verdadero purifica el entendimiento y aparta al amante de los apetitos groseros, en una progresión que culmina con referencias a Diógenes y a una noción casi neoplatónica del amor como vía de perfeccionamiento del alma.