Una investigación periodística sobre la violencia de pareja en la clase alta chilena, ese territorio donde el maltrato se disimula tras apellidos, colegios tradicionales y fachadas impecables.
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Una investigación periodística sobre la violencia de pareja en la clase alta chilena, ese territorio donde el maltrato se disimula tras apellidos, colegios tradicionales y fachadas impecables. A partir de cientos de horas de entrevistas, la periodista Rosario Moreno reúne los relatos en primera persona de mujeres de tres generaciones —de los diecinueve a los setenta y un años— que sufrieron abuso psicológico, físico, sexual y económico dentro de sus matrimonios y pololeos. Junto a esas voces, el libro incorpora la mirada de jueces, carabineros, psiquiatras, peritos, abogados y trabajadoras de casa particular para explicar cómo opera el silencio: el miedo a la vergüenza social, la red que protege al agresor y los vacíos legales que prolongan el daño incluso después de la separación.
Hay un tipo de violencia que casi nunca llega a los noticieros. Ocurre en casas amplias, en barrios acomodados, entre personas que asistieron a los colegios más tradicionales del país, y se sostiene precisamente porque nadie espera encontrarla ahí. Este libro se propone nombrarla.
El punto de partida fue una constatación sencilla y desconcertante: mientras existe material disponible sobre la violencia intrafamiliar en los sectores más vulnerables, sobre la clase alta apenas se había escrito nada. La periodista Rosario Moreno se fijó una meta de veinte testimonios en un año; en tres meses ya los tenía. El resultado final reúne setenta y seis relatos en primera persona, treinta de ellos de víctimas directas, obtenidos a lo largo de aproximadamente ciento ochenta horas de grabación y cerca de seis mil páginas de transcripciones, junto a entrevistas a más de noventa actores distintos.
La palabra que más se repite en esas páginas es miedo. Miedo a la denuncia que no prospera, a la vergüenza frente a los pares, a que nadie crea una historia contada contra un hombre que en público resulta encantador. Las entrevistadas firman con seudónimo para proteger a sus hijos, pero sus edades y sus colegios son reales, y esa precisión funciona como argumento: el maltrato no distingue clase social, ciudad ni generación. Varias eligieron ser entrevistadas fuera de sus casas; otras, tras separarse, quedaron viviendo de allegadas, en una pobreza encubierta que no encuentra la red de apoyo disponible para mujeres de otros sectores.
Al testimonio se suma un trabajo de contexto que sostiene el conjunto. Cifras oficiales sobre violencia contra la mujer y su cifra negra, comparaciones regionales, la ley 20.066 y la ley Gabriela, los datos sobre incumplimiento de pensiones alimenticias, la literatura clínica sobre el perfil del maltratador y el acoso moral descrito por Marie-France Hirigoyen. También una mirada histórica que recorre expedientes del Tribunal Eclesiástico del siglo XIX y consejos publicados en la prensa de comienzos del XX, donde ya se instruía a las esposas a callar las ofensas del marido. Dos siglos después, el eco resulta incómodo.
Atraviesa el libro una figura: Amelia, el nombre que eligió la mujer que firma el prólogo y que da forma al resto. Amelia son todas las que aparentan que todo está bien mientras manejan hacia sus casas. A ellas, y a los lectores jóvenes que el libro convoca de manera explícita, va dirigida una investigación que no busca cerrar el tema sino abrirlo, con la convicción de que una realidad solo puede cambiarse cuando se conoce.