Novela de aprendizaje ambientada en el Londres de finales del siglo XIX, que arranca con el nacimiento de una niña en una calle modesta de Islington y sigue el pulso de una familia obrera tironeada entre la aspiración de respetabilidad y…
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Novela de aprendizaje ambientada en el Londres de finales del siglo XIX, que arranca con el nacimiento de una niña en una calle modesta de Islington y sigue el pulso de una familia obrera tironeada entre la aspiración de respetabilidad y el deseo de una vida más luminosa.
En una tarde de octubre en que la niebla plateada borra los tejados de Londres y amortigua los ruidos del tráfico hasta volverlos casi pastorales, en una casa cualquiera de la calle Hagworth nace Jenny Raeburn. El parto es largo y solitario: Florence, su madre, atraviesa el dolor entre pequeñas obsesiones domésticas —unas cortinas de muselina ajadas, la bola de latón que falta en los pies de la cama— y un pánico creciente a morir. Su marido, Charles, ensamblador de carácter lento y aficionado a la taberna del final de la calle, escapa del ambiente incómodo de la casa; la comadrona tarda en subir; el silencio se llena de alucinaciones. En ese trance, entre el miedo y la lucidez, la mujer decide el nombre de la criatura y hace balance de su propia vida: la hija de un carnicero próspero y nieta de un farmacéutico respetable que se casó por debajo de sus expectativas familiares y que nunca conoció el amor que soñó de muchacha, asomada a la ventana soleada sobre la carnicería.
Quince días después, la llegada de las tres tías abuelas de Clapton convierte el nacimiento en una disputa. Severas, enlutadas y devotas hasta la estrechez, las señoritas Horner traen una propuesta que consideran mandato divino: adoptar a la niña, educarla en un colegio elegante y apartar para ella la mitad de un capital respetable. La otra mitad ya está prometida a su pastor. Ante la negativa de la madre, el ofrecimiento se transforma en profecía de perdición: teatros, bailes, vanidades y hombres lascivos aguardarían a una criatura criada lejos de la capilla de paredes blancas. Florence responde con un desafío que es también una promesa —su hija será alegre, hermosa y libre de reír cuando quiera— y las despide sin ceremonias.
El episodio, resuelto con humor seco y una banda de música alemana tocando en la calle mientras el ómnibus se lleva a las visitantes, deja sin embargo una inquietud sembrada. La madre se pregunta, ya a solas con la niña en brazos, si ese pedacito de su alma podrá algún día encender los corazones de los hombres, y se consuela imaginándole un destino doméstico y apacible. Alrededor, la vida cotidiana sigue su curso: la contratación de una criada de quince años, el regreso de los hermanos mayores Alfred y Edith, las visitas de una hermana casada ventajosamente con un comerciante de lencería, los celos infantiles, los caramelos caídos y los llantos encadenados. Sobre ese fondo de casas estrechas, rivalidades familiares y jerarquías sociales minuciosamente medidas, queda planteada la tensión que sostiene el relato: la distancia entre la vida que una madre imagina para su hija y los caminos que esa hija, nacida entre hojas arremolinadas y luces de gas, acabará recorriendo.
El volumen se abre con una nota preliminar sobre el autor —hijo de un actor y director de escena, formado en Londres y Oxford, autor de farsas para el teatro de variedades, novelista, actor y periodista, con servicio en la Marina durante la guerra de 1914— y sobre la fortuna de esta obra, considerada su novela más conocida y una de las historias de amor más populares escritas en inglés.