Carne apaleada es el relato en primera persona de Berta Costaleda, una mujer que pasa de una vida burguesa como contable en una fábrica de harinas a la reincidencia delictiva y el internamiento carcelario tras un ruinoso pleito civil.
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Carne apaleada es el relato en primera persona de Berta Costaleda, una mujer que pasa de una vida burguesa como contable en una fábrica de harinas a la reincidencia delictiva y el internamiento carcelario tras un ruinoso pleito civil. A través de sus sucesivas detenciones, traslados y años de prisión, la narradora reconstruye con crudeza el proceso de deshumanización que impone el sistema penitenciario y la solidaridad que encuentra entre las mujeres marginadas con las que comparte celda.
Publicada por Inés Palou, esta obra narra en primera persona la caída de Berta Costaleda, una mujer de origen acomodado que trabajaba como contable en una fábrica de harinas bajo el régimen de intervención de posguerra. Un pleito civil que se prolonga durante siete años y la arruina económicamente la empuja a cometer el primer delito de una larga cadena: el cobro de talones sin fondos en joyerías de distintas ciudades españolas. La novela se abre con una nueva detención, en la localidad ficticia de L., que reactiva el recuerdo de su primer ingreso en prisión en mayo de 1968.
A partir de ahí, el relato alterna el presente de los interrogatorios policiales —fríos, rutinarios, atravesados por la incomprensión mutua entre la detenida y los agentes— con la memoria de aquella primera vez: el traslado esposada, el cacheo humillante, la ficha policial, la fotografía, el calabozo sucio y helado, y el instante en que, incapaz de contenerse por más tiempo, orina sobre sí misma y descubre en ese gesto degradante una paradójica sensación de alivio que marca, según ella misma reconoce, el nacimiento de una nueva identidad.
A lo largo de más de cuatro años repartidos entre distintas cárceles y traslados, Berta convive con otras reclusas —prostitutas, ladronas, mujeres condenadas por delitos pasionales— a quienes retrata sin condescendencia ni juicio moral, oponiendo la calidez de esa hermandad forzada a la frialdad de un sistema judicial que ella misma compara con una balanza trucada por una simple moneda. El libro se detiene también en las jerarquías internas de las prisiones, en el personal que las administra y en el lenguaje carcelario que la protagonista va aprendiendo como quien adquiere una segunda lengua.
Más que una crónica de sucesos, Carne apaleada se construye como un testimonio de conciencia: la narradora no busca justificarse ante la sociedad, sino dejar constancia de una transformación personal irreversible y de la dignidad que persiste, contra todo pronóstico, en quienes han cruzado la frontera entre la respetabilidad y el estigma.