Un ensayo personal y político en el que una intelectual argelina de tradición musulmana reivindica su condición de mujer laica, librepensadora y feminista, frente a la presión de encasillarla bajo la sola etiqueta religiosa.
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Un ensayo personal y político en el que una intelectual argelina de tradición musulmana reivindica su condición de mujer laica, librepensadora y feminista, frente a la presión de encasillarla bajo la sola etiqueta religiosa. A partir de su propia trayectoria —marcada por la guerra de independencia de Argelia, el asesinato de su padre y una carrera vinculada a organismos internacionales— la autora cuestiona el 'diálogo de culturas' y el relativismo que, en su opinión, sacrifica la igualdad entre mujeres y hombres en nombre de la tolerancia hacia las diferencias culturales y religiosas.
Publicado dentro de la colección ‘Feminismos’, este texto se abre con un prólogo de Carmen Romero que sitúa la obra en el marco de los encuentros euro-magrebíes y del despertar de las revueltas árabes de 2011, subrayando el valor de una voz que tiende puentes entre ambas orillas del Mediterráneo. El cuerpo del ensayo, escrito en primera persona, parte de una pregunta insistente —¿quién soy yo?— para desmontar los estereotipos con los que Europa suele nombrar a las mujeres del mundo árabe: primero ‘árabes’, después ‘musulmanas’, siempre reducidas a una identidad religiosa que borra su historia concreta. La autora recorre su infancia y juventud en la Argelia de la independencia, la memoria de un padre asesinado durante la guerra de liberación, la posterior guerra civil de los años noventa y su formación intelectual bajo la huella de Sartre, Fanon, Simone de Beauvoir, Gide y Camus. Frente al ‘diálogo de culturas’ y al relativismo cultural que, según denuncia, legitiman discursos antifeministas incluso desde ciertos sectores de la izquierda europea, defiende una posición laica y universalista que no renuncia a sus orígenes ni acepta ser silenciada como ‘la innombrada’ en los foros internacionales. El texto se inscribe conscientemente en la tradición del alegato feminista clásico, evocando a Olympe de Gouges, para reclamar que la igualdad entre mujeres y hombres no puede subordinarse a ninguna forma de tolerancia cultural o religiosa.
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