Un mandarín del siglo X viaja mil años al futuro y aterriza en una metrópoli ruidosa y desconocida —heredera irreconocible de su propia China—, desde donde envía a su amigo, a través de un punto de contacto en el tiempo, una serie de…
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Un mandarín del siglo X viaja mil años al futuro y aterriza en una metrópoli ruidosa y desconocida —heredera irreconocible de su propia China—, desde donde envía a su amigo, a través de un punto de contacto en el tiempo, una serie de cartas que registran su desconcierto ante vehículos de hierro, lenguas incomprensibles, prisiones, ropa extraña y costumbres que lo desbordan.
La obra se presenta como una correspondencia epistolar: las cartas que el mandarín Kao-tai, prefecto de la Corporación de Poetas Imperiales, envía a su fiel amigo Dji-gu tras protagonizar un salto en el tiempo de mil años hacia adelante. Antes de partir, ambos habían calculado un ‘punto de contacto’ físico —ligado a un puente sobre el Canal de las Campanas Azules— donde Kao-tai deposita sus mensajes, escritos en un papel especial capaz de atravesar los siglos, para que Dji-gu los recupere en su propia época.
Lo primero que Kao-tai descubre al llegar es que su ciudad natal, K’ai-feng, se ha transformado hasta volverse irreconocible: las colinas han desaparecido, el río ha cambiado de curso, y en el lugar de los antiguos palacios se alzan construcciones apiladas entre un estrépito constante. Su desorientación se agrava cuando comprueba que ya no comparte lengua alguna con los habitantes de este ‘ahora’: ni los caracteres escritos ni el habla le sirven para comunicarse, y tras un incidente con un vehículo de hierro que se mueve sin caballos a velocidades imposibles, es detenido por una suerte de policía y termina, sin comprender el motivo, encerrado una noche en una prisión que —advierte con amargura— conserva el mismo olor a rancio que las de su propio tiempo.
Su suerte cambia cuando entra en contacto con un habitante que le ofrece alojamiento y ayuda a interpretar, poco a poco, este mundo nuevo: la vestimenta ajustada y llena de botones, los cubiertos de metal, la comida servida hirviendo, las bebidas desconocidas, los rituales aparentes de una fotografía que Kao-tai interpreta como sortilegios de purificación. Cada carta añade una capa de observación minuciosa y a la vez profundamente extrañada, mientras el propio narrador reconoce que su curiosidad lo ha arrastrado a un porvenir que describe una y otra vez como ‘un abismo’, y aguarda con resignación la fecha calculada para su regreso, sosteniéndose en el recuerdo de los suyos y en la promesa de reencontrarse con su mundo conocido.
Construida como un intercambio de cartas fechadas y con notas editoriales sobre su origen y traducción, la obra articula el relato de un choque cultural absoluto a través de la mirada de alguien que solo dispone de las categorías de su propio pasado para nombrar lo que ve, y que debe aprender, palabra a palabra, gesto a gesto, un mundo que ya no lo reconoce como propio.