Cartas de Inglaterra reúne la crónica que Eça de Queiroz escribió entre 1874 y 1888 mientras ejercía como cónsul portugués en Newcastle y Bristol, un mirador privilegiado desde el que observó con ironía mordaz la política, la sociedad y…
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Cartas de Inglaterra reúne la crónica que Eça de Queiroz escribió entre 1874 y 1888 mientras ejercía como cónsul portugués en Newcastle y Bristol, un mirador privilegiado desde el que observó con ironía mordaz la política, la sociedad y las costumbres del Imperio británico de finales del siglo XIX.
Lejos de ser el diario de un viajero de paso, este volumen recoge la mirada sostenida de alguien que vivió largos años dentro de la sociedad que retrata. Eça de Queiroz firma estas crónicas desde su puesto consular en Inglaterra, y ese arraigo cotidiano le permite ir más allá del asombro superficial del turista para construir un comentario agudo sobre la actualidad británica: sus instituciones, su prensa, sus congresos científicos y religiosos, sus rituales de clase y sus contradicciones imperiales.
El libro se mueve con soltura entre el episodio anecdótico y la reflexión de fondo. Un capítulo dedica sus páginas a una sonada burla cometida contra el solemne diario The Times, aprovechada por el autor para desmontar, con humor fino, la pomposidad y la autoridad casi sagrada que la institución periodística se atribuía. Otro capítulo enlaza dos conflictos aparentemente distantes —la campaña militar en Afganistán y la crisis agraria de Irlanda— para mostrar, con una lucidez que no oculta la indignación, cómo los mismos mecanismos de poder, ambición territorial y desprecio por el sufrimiento ajeno se repiten en los márgenes del imperio. Las llamadas ‘estaciones’ de la vida inglesa —la de los congresos, la náutica, la de la caza— sirven además de pretexto para una radiografía social llena de detalles costumbristas y de una ironía que roza lo sarcástico sin perder elegancia.
Detrás del ingenio y la burla asoma una amargura constante: la de un observador que, admirando la eficacia y el vigor de la civilización industrial inglesa, no deja de señalar la injusticia estructural que la sostiene, ya sea en los salones de Londres, en los desfiladeros afganos o en los campos empobrecidos de Irlanda. El resultado es un fresco vivo y crítico de la Inglaterra victoriana, escrito con la prosa precisa y el humor corrosivo que caracterizan a uno de los grandes prosistas en lengua portuguesa.
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