Anabelle tiene veintinueve años, un doctorado en Leyes que solo le sirvió para gastar en un marco de fotos y un empleo tras la barra de El Palacio del Ron, un chinchorro puertorriqueño donde las propinas pesan más que los diplomas.
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Anabelle tiene veintinueve años, un doctorado en Leyes que solo le sirvió para gastar en un marco de fotos y un empleo tras la barra de El Palacio del Ron, un chinchorro puertorriqueño donde las propinas pesan más que los diplomas. En casa la esperan Sergio, su pareja desde hace cinco años, y Raiza, su hija. Entre manías cromáticas, celos mal administrados y recuerdos de una infancia inquietante, un papel caído de un montón de ropa sucia basta para encender la mecha. Primera novela de Vicky Hernández Rodríguez, narrada con humor negro y una franqueza sin filtros.
Hay vidas silenciosas en las que el corazón se muere por decir lo que la cordura entierra. Esa es la premisa desde la que arranca Cartas de una Demente: la historia de Anabelle, una mujer de veintinueve años que estudió Leyes hasta el doctorado y terminó sirviendo tragos seis días a la semana en El Palacio del Ron, una barra de callejón, mugrienta y concurrida, donde los mismos guardias que deberían cerrarla a medianoche se quedan como clientela.
La novela se abre en clave doméstica y descarnada. Anabelle convive con Sergio —buen proveedor, buen padrastro, y también un hombre del que tiene motivos de sobra para desconfiar— y con su hija Raiza, en una urbanización sin control de acceso donde todos los rostros son conocidos. Una hoja de papel que cae de la montaña de ropa sucia desata un interrogatorio, y el interrogatorio revela algo más incómodo que una infidelidad: la incapacidad de Anabelle para pedir perdón, su costumbre de mantener la guardia armada como mecanismo de defensa y la contabilidad secreta de sus propias faltas.
A partir de ahí, el relato se abre hacia atrás. La autora reconstruye una infancia de crueldades pequeñas y muy bien planificadas —dibujos delatores escondidos en el clóset del padre, cachorros escondidos en la nevera, muñecos vudú colgados de un espejo retrovisor— y una adolescencia en la que el deseo llega antes que las herramientas para entenderlo, empujado por una madre que teme más a la identidad de su hija que a lo que pueda pasarle. Esos episodios, narrados sin eufemismos y con un humor que roza lo grotesco, no funcionan como anécdota: son el andamiaje de la mujer que ahora limpia el mismo trozo de barra durante minutos con una sonrisa en la cara.
Alrededor de Anabelle se organiza un pequeño ecosistema de personajes que la novela retrata con la misma mirada sin piedad: Chary, la compañera de trabajo cuya amistad empieza y termina con el turno; Crispito, el veterano de ochenta y siete años que reparte billetes a cambio de licencias; Melanie, la vecina adolescente que le devuelve el insulto con precisión quirúrgica; y el director de escuela que ha descubierto cómo enriquecerse con los días de ropa casual mientras nadie en la directiva quiere mirar. Cada uno funciona como espejo: lo que Anabelle desprecia en ellos suele tener un antecedente en su propia biografía.
Estructurada en siete capítulos que van nombrando a los habitantes de ese mundo —Ella, El Esposo, Ellas, La hija, La extraña amiga, Nosotros y, al final, La Demente—, la obra avanza como una confesión que se niega a pedir disculpas. La voz narrativa mezcla lo escatológico con lo tierno, la denuncia social con el chisme de barrio, y sostiene durante todo el trayecto una pregunta incómoda: dónde termina la excentricidad tolerada, dónde empieza el diagnóstico y quién tiene autoridad para trazar esa línea. Anabelle, que adoptó como identidad un diagnóstico gritado en un salón de clases, parece decidida a responderla ella misma.
Primera novela de Vicky Hernández Rodríguez, educadora puertorriqueña con maestría en Educación, Cartas de una Demente es un retrato de mujer construido a contrapelo de la simpatía: incómodo, deslenguado y deliberadamente sucio, escrito para lectores adultos que no necesitan que una protagonista les caiga bien para querer saber cómo termina.
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